'Fama', el sueño en la ficción que se hizo realidad en Gran Vía

Pasan pocos minutos de las 10 de la mañana y el Teatro Apolo de Barcelona es un trajín. No es una hora habitual, pero hoy (martes) más de 10 trabajadores se afanan porque un taxi neoyorkino de los años 70 salga del escenario y se suba a una grúa que lo va a plantar, en pocas horas, en la Gran Vía madrileña. La estampa la observan con atención Raya (Córdoba, 32 años) y Andrea Malagón (Barcelona, 23), dos de los actores de Fama con quienes se ha citado GRAN MADRID en la Condal para ser testigo de su viaje hasta nuestro particular Broadway.

El viernes es el día señalado para la primera función en la capital y el vehículo, protagonista de una escena estrella, es el último elemento del atrezo que quedaba por empaquetar. «Nada más bajar el telón, 20 personas comenzaron a desmontar. Todo está medido y coordinado para que esto no pare. El domingo se desmontó el escenario y la iluminación y se envió el resto del atrezo y el vestuario. Y ayer salió la marquesina, que hoy ya se está montando en Madrid. Son días de no dormir y de mucho estrés», explica José Manuel Simón, el coordinador del desmontaje, justo antes de que y Andrea entren a despedirse de esas tablas que han sido su casa durante más de cuatro meses. «¡Guau! Parece otro teatro, tío», suelta él mirando, atónito, el escenario, ya completamente vacío.

Hoy es día de mudanza y ambos aparecen con abultadas maletas, con todo lo necesario para su nuevo destino, que aparcan unos minutos para contarnos lo que supone esta marcha hacia la que está considerada como la tercera capital mundial de los musicales -tras Nueva York y Londres-. Andrea, que acaba de recibir en su un vídeo de la pantalla gigantesca de Callao donde se la ve en la promoción de la obra, no puede ocultar su emoción. Ésta será su primera vez en la capital y fuera de casa.

«Tengo un poco de miedo, porque nunca he trabajado allí y es mi primera producción. Pero lo afronto con ganas. ¡Quiero comerme la Gran Vía!», expresa la actriz, bailarina y cantante, que lleva una maratón de años formándose: ocho en la academia de Coco Comín -que dirige y coreografía la obra-, otros tantos veranos en las escuelas más importantes de Londres y más de mil días «bailando con el mejor coreógrafo de claqué, Sharon Lavi». «Sabía que iba tarde», se excusa antes de contar que su adolescencia la pasó jugando como profesional al baloncesto -«en las ligas más altas», incluido el Barça- y no se decantó por la profesión hasta los 16.

Su pareja en el musical, Pablo, afronta la nueva aventura también ilusionado, aunque de forma distinta. Él es uno de los veteranos y Madrid es su casa. «Volver siempre es un éxito. Es un sitio súper especial e icónico para los que nos dedicamos a esto», asegura. Sus inicios nada tienen que ver. siempre lo ha tenido «clarísimo»: «De pequeño le decía a mis padres: ‘Llevarme a un castiiiing…’ -dice exagerando su acento cordobés-. Pero ellos nada. Así que a los 18 años, con la excusa de estudiar Enfermería, me fui a Madrid. La primera vez que salí del Metro en Plaza de España y vi la Gran Vía pensé: ‘Voy a conquistar esta calle’. Y fíjate, seis meses después estaba en el Lope de Vega con High School Musical», añade.

Entonces no tenía formación como actor, pero con sus dotes naturales y su destreza con la comba acrobática -ha competido a nivel europeo- se coló en aquel primer musical. Después, fue chico Disney, trabajó en Mamma Mía, Ay Carmela, Madagascar o Flashdance, rodó series y pelis en España, Londres y Nueva York y creó su propia productora, Are you ready, que ha tenido que aparcar con la pandemia.

Los dos son la pareja cómica de la obra. Él interpreta a Joe Vegas, un macarrilla todoterreno e irreverente, y ella es Mabel Washington, una joven entusiasta, un tanto infantil, con algún que otro complejo por su cuerpo. Papeles que, en cierta medida, tienen que ver con ellos y que se enmarcan dentro de un guión, clásico y atemporal, con el que también se sienten identificados.

«Para mí la historia de Fama es también mi historia. Que me acepten, la perseverancia de no abandonar, el esfuerzo… Yo me he privado de hacer castings por mi físico. Sigue habiendo unos ideales para ciertos papeles y en mi caso ese miedo existe. Y a que me cojan o no, también», relata Andrea.

A Pablo, en cambio, le persigue una frase desde su infancia que también aparece representada en la obra -«De pequeño siempre decía que quería ser actor famoso. Y este nos enseña el lado oscuro de la fama», dice-, además de otras circunstancias a las que se sigue enfrentando día a día. «La obra es muy terapéutica. Habla de las limitaciones que el mundo del pone a los artistas: el racismo, el cuerpo, las capacidades…, además de ese otro hándicap de esta profesión, que para trabajar necesitas la aprobación de un tercero», añade.

Hablando con ellos, el tiempo pasa volando. Es mediodía y el reloj nos aprieta. Un último y rápido vistazo al teatro y nos subimos en el taxi que nos lleva a la estación de Sants, donde nos esperan Valeria Jones (Málaga, 23 años) y Joan Martínez (Barcelona, 21), otra parte del elenco de Fama que, al igual que Andrea, afrontan su primera vez en la capital. Abrazos apresurados y carrera al embarque. «En cuatro minutos cierran puertas», mete prisa Andrea. A tiempo subimos a bordo de un transporte que, de forma real y simbólica, les llevará directos a iniciar una carrera que acumula, detrás, años de esfuerzo y, delante, una ilusión desmesurada.

El camino discurre entre risas cómplices, llamadas familiares, alguna que otra foto en Instagram y gestiones para resolver el sudoku para hacerse con la llave de la vivienda que compartirán Andrea y Valeria a sólo unos metros de la Gran Vía. También hay tiempo para hacer un repaso a lo que han vivido en los últimos meses y recordar el casting en el que fueron seleccionados entre más de 1.000 aspirantes. «Fue muy exhaustivo, pero se centraron en nuestros talentos y dieron oportunidades a aquellos que no tenían tanto currículum», apunta Andrea con la aprobación de sus compañeros.

Los duros ensayos a los que les sometió Coco Comín para redondear la función también dan de qué hablar. «Llegaron a ser casi militares. Fue una experiencia física y mental. Coco es un poco sargento, pero es de admirar [la coreógrafa suma casi 70 años y está en plena forma)]», narra Valeria, bailarina en el musical y cover del personaje de Metal -una chica punky que quiere comerse el mundo-, con el que ha roto la barrera de la racialidad con su trayectoria y su talento: baila desde los cuatro años, se ha formado en Málaga y en Nueva York gracias a una beca y fue semifinalista en el programa de televisión Fama, a bailar.

«Llevo 20 años soñando con un gran teatro de Madrid, con poder formar parte de este mundo. Se ha cumplido un sueño. La Gran Vía es como trabajar en Broadway. Tengo sensación de subidón», indica. «Es como una meta profesional», agrega en el mismo sentido Joan, saxofonista y «novel de la compañía».

Él ha tocado en una Big Band Jazz y en orquestas y tiene un grupo de funky y hip hop con el que ha grabado un EP. Ha pasado cuatro «intensos» años formándose en teatro y danza y está nervioso porque está a punto de rozar eso por lo que lleva años peleando. «Tengo unas ganas de llegar que me muero», suelta de repente en un momento de la entrevista el joven, que en el EDP será Goody King, un músico graciosillo que el actor ha llevado a su terreno.

A medio camino, Andrea se arranca a cantar: «Sobreviviré, lucharé y podré por este sueño». Es la canción que suena al inicio del musical y que, nos cuentan, sienten como propia. Y después de que Valeria se zampe un bocadillo relleno de jamón serrano y Doritos («están de moda», dicen para nuestra incredulidad), saca de su mini bolso una baraja. «Es un ritual antes del show. Café y cartas. Nos sirve para activarnos y estar despiertos», explica antes de darle una paliza a sus contrincantes.

Ya en Atocha, después de apretar fuerte los puños y los dientes, se echan un baile ante la mirada curiosa de algunos viajeros. A bordo del taxi en Gran Vía, la emoción les impide apenas soltar palabra. Y frente al teatro, sueltan un «Claritaaaaa» que deja boquiabierto a todos los espectadores. Clarita (Clara Peteiro, Carmen en Fama) es la protagonista de la obra, y ha ido por allí a cotillear lo que se está cociendo. También es su primera vez en la capital.

Entre abrazos y risas, descubren sus caras en los carteles. Y llega la explosión. «¡Qué fuerteeee!», exclama Joan. Dentro del Teatro EDP Gran Vía, donde el escenario comienza a coger forma para convertirse en la Escuela Superior de Artes Escénicas de Nueva York, alucinan. Mañana, a las 11, tienen allí su primer ensayo pero están tranquilos porque a sus espaldas cargan las 158 funciones que se han marcado en Barcelona. Antes, esta noche, aprovecharán para ver Grease. Será el único día que puedan hacerlo una vez que arranquen el ritmo frenético del musical.

Después de un inolvidable viaje, les decimos adiós. Su sueño ya ha arrancado. Y quién sabe si, también, su camino a la fama.

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