12 horas bebiendo con Carlotta Cosials: «Puesta de LSD, con 17 años, entendí los colores de Jimi Hendrix»

Actualizado Domingo,
12
diciembre
2021

01:55

-Vente a San Francisco el viernes xd

La oferta de Carlotta Cosials, de viaje con las Hinds, el grupo en el que canta, quedaba un poco lejos de Madrid.

-En Madrid no tengo una vida nocturna tan esperpéntica jajaja -responde por Instagram.

Dos sábados después, a las 17.58, abre el portal 15 de la calle Blasco de Garay. Lleva el pelo recogido con dos moños, uno azul y otro rosa, viste un chaleco Adidas, por encima se ha echado un abrigo de la marca Barbour y al fondo de lo que llaman outfit se ve una camisa blanca y un top azul celeste. Las zapatillas son unas TN. Los pantalones, creo que de lino. Se disculpa por aparecer, probablemente, 40 minutos tarde: «Perdón, es que me ha bajado la regla», rompe el hielo.

Huele al aceite esencial de coco que roba en Nueva York, marca Kuumba, la banda sonora de las pituitarias durante las siguientes 12 horas. «¿Pero no llevas libreta?«, me regaña. «Antes salía los viernes». Después echa a andar:

-Sospecho que nos vamos a llevar muy bien.

Carlotta Cosials (30) fue trending topic al escribir en Twitter «C.Tangana me quiero casar contigo» la noche que ganó los tres grammy latinos. Hacía referencia al grito que el cantante popularizó en 2015: «Carlotta Cosials quiero casarme contigo». Bajamos la calle mientras recuerda una conversación con «Pucho», como lo llaman quienes tienen su teléfono: «Me dijo que era lo mejor que se había escrito. Lo tuyo tampoco está mal, le dije».

18.18

Tomamos el en la calle Alberto Aguilera. ¿Adónde vamos? «A la Latina. Una amiga se va a hacer un tatuaje». Línea 4 hasta Alonso Martínez. «Antes vivía sola en Callao, 1. Después de un año sin bolos, me tuve que mudar. No me daba el dinero». Sube a pie las escaleras mecánicas. Línea 5 hasta la Latina. «La producción de nuestro último fue en Nueva York. Salió muy cara. La banda no tiene dinero para sacar otro». No giraron con The prettiest curse. Ha quedado sin rentabilizar. «Está en un limbo: quizá sea ya tarde para girar con él. La gente no sabe de su existencia», añade. Está sentada. Mira al frente. Nadie la ha reconocido. «Me suelen reconocer más los jóvenes de Argüelles o por la entrevista con Cecilio [Cecilio G], o por haber estado con Jorge Cremades o por el grupo o por el tuit», enumera.

18.31

Al salir del tiene que consultar varias veces el mapa del iPhone. «Lol tenemos que dar la vuelta». Habla como escribe.

18.40

«Llevo sin fumar un mes y 28 días. Es mi segundo intento. La última vez estuve ocho meses sin fumar. Tú hueles a tabaco». Del paki (calle López Silva) le interesan las cervezas. «¿Cuántas cogemos?», sujeta tres latas rojas de Mahou. «Cinco». Pago yo. De vuelta, trata de armar una teoría sobre la derrota de la guitarra frente a los ritmos latinos.

18.57

Subimos a pie hasta el cuarto piso, donde vive Juan Diego, el tatuador. C., más conocida como La Meji, la cantante de Menta, lleva un rato allí. «Sabes que esto es un poco creepy, ¿no?», me dice al sentarnos. Carlotta coge una silla. Llegan a un acuerdo para salvaguardar algunas conversaciones. Lauraescannes, como homenaje a las stories de Samantha Hudson donde ironiza con la posibilidad de que la mujer de Risto sea en realidad un pie, es la palabra de seguridad para activar el off the record. Cotillean, hablan de tríos, hay un consultorio sentimental, repasan algunos grupos. A Carlotta no le gustan las letras de Alizz. «La gente está muy pesada con Rigoberta Bandini».

19.19

«Analizando mi estilo», piensa en voz alta Carlotta mientras Juan Diego dibuja corazones y prueba varias formas de escribir dentro de ellos ‘Amor de madre’, el tatuaje que La Meji se hace en el hombro, «es una apropiación del estilo de los pijos utilizado a mi manera». ¿Sufres el síndrome del impostor? «Hace mucho que no. Es importante conocer tus limitaciones. Al revés, hay que aprovecharlas. Ya no me afectan lo que digan«, filosofa. Luego se acuerda de su padre: «Me dejó de hablar cuando me quité de Medicina». Abrimos la tercera lata.

19.42.

La Meji pone el brazo. Sobre él, Juan Diego empieza a calcar el corazón del folio. Utiliza la técnica handpoke. No le va a cobrar nada. Está de Séneca en Madrid. Estudia Arquitectura. La Meji distrae las cosquillas hablando del documental sobre el Hotel Cecil. Carlotta ve por primera vez el vídeo del ascensor. Se le saltan las lágrimas. «Lloro con las historias de miedo. Me ha pasado siempre. No sé por qué. Incluso cuando las cuento yo«.

20.06

Carlotta también quiere tatuarse. Decide pintarse un recordatorio de su amistad con La Meji, que tiene varios tatuajes. Enseña un escorpión pegado a su antebrazo. Elije una versión del escorpión «más discreta». Perpetra con un lápiz la versión paralímpica de un escorpión. Juan Diego lo mejora. Va a tatuárselo en el tobillo derecho. «Mi madre», cuenta, «tiene un tatuaje por cada novio que ha tenido. Mola más que yo». Con la boca sujeta un cigarro falso de farmacia. «Mejor no», rechaza un marlboro. La Meji acaba tatuándose las iniciales de Carlotta (C.C.) en la mano.

20.47

Salimos de casa. Carlotta, en la puerta, subraya de coco sus muñecas. Hemos dejado a medias una lata de medio litro de Mahou. Esperando a cruzar en la plaza de la Cebada nadie, salvo yo, ha recibido una notificación acerca de las consecuencias de la crisis de suministro en China. La Meji entra la última al vagón como un gol en el descuento: jadeando, acalorada, sonriente.

21.03

En Gran Vía los viandantes atascan al grupo. Carlotta saca una cámara desechable. Enfoca a La Meji y Juan Diego en el paso de cebra de Callao. Parpadea el verde de los peatones. «2020 me ha servido para volver a enamorarme de la ciudad. Madrid es la mejor ciudad del mundo. Ahora que estoy soltera la disfruto más. Siempre hay algún plan con el que rematar la noche; no hace falta irse temprano. No tengo adónde ir temprano».

21.48

La Meji dice que es medio gitana. Sabe de cartas astrales, de leer la mano e interpreta la oscilación de las cadenas de oro sobre las palmas: «Vas a tener dos hijas», le dice a Carlotta, rodeada de amigas que también ponen sus manos. Anna, Laura, Anaira se han hecho con la parte derecha del Pub Prada (calle Ballesta, 26). «Lleva 60 años abierto». Maru, la compañera de piso de Carlotta, directora de fotografía, aparece más tarde. «Carlotta es un desastre pero luego recoge. Es caótica y muy pasional». Reconocen haberse besado. «Un día le dije que llevaba mucho tiempo sin dar un beso». Carlotta ríe con la misma ingenuidad que canta, como si acabara de reiniciarse el mundo. «Y me cogió la cara y me besó».

22.30

«No he tenido ninguna referencia paterna», considera Carlotta Cosials. Muerde una piruleta. «Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 7 años. La única relación que tengo con mi padre es las timbas de póker a las que a veces jugamos». Pebbels es el apellido que esconde. Si es pija o no, le persigue el chascarrillo: «No me han educado como a una niña pija. Iba a un colegio concertado, el Buen consejo. Este Barbour me costó 25 euros. ¿Crees que soy pija? Soy normal, de clase media», se queja.

23.00

Lidera una expedición que sale del Prada en dirección al Tempo, de la calle San Bernardo. Una pareja se besa por primera vez en la pared de la calle Puebla. El frío parece atraparlos para siempre como si les arrollara la lava del volcán. En el Tempo, un camarero, un señor que viste camisa negra, dice que no a Carlotta, que el aforo está completo, y damos la vuelta. Alberto, de la productora Tabaco, fue uno de sus compañeros en el club de cine. «Nos saltábamos la cuarentena para ver películas. 2020 fue una mierda. La de la que siempre hablamos como ejemplo de lo malo es No matarás«.

23.28

«Conocí a Jorge Cremades en la Real Escuela Superior de Dramático. Sólo me caía bien a mí, me hacía gracia. Espera. ¿Quieres un chupito?». En la barra marca los pasos. Chupar la sal, absorber el tequila, trincar el limón. Otro vaso doble de cerveza. «Su cancelación fue el proceso más chungo que he vivido. Aquello no se lo deseo a nadie. Dicen que no pegábamos». Asiento. «Me lo pasaba bien. Un día me metí en una pela por él en mitad de la calle. Otro día invité a demasiada gente a su casa y tuve que echar a dos o tres que no conocía de nada».

23.45

Invita al siguiente chupito. Leila, directora de arte, del equipo con el que C.Tangana ha producido El Madrileño, se apoya también en la barra. «Nos conocemos de la noche y la calle. ¿Sabes? Las Hinds íbamos a llamarnos las Deers. Pero ya había una marca con ese nombre. Pasamos de abogados y líos», comenta antes echar la cabeza atrás.

00.09.

Algunos amigos, Rogelio (Roge), skater y realizador, Beto, tatuador, y Santi, skater, juegan a los dardos. «Puesta de LSD, volviendo a casa con 17 años, entendí la referencia a los colores de Jimi Hendrix. Era el cumple de Maru. Por septiembre», da un sorbo al vaso. Desde hace un rato ya no es Carlotta Cosials. El personaje se ha esfumado. «Fue en casa de los padres de Maru. Al principio no me hizo efecto. Después, al salir a la calle, comprendí todo: los edificios cambiaban de colores». ¿Y la cocaína? «Ha sido difícil evitarla en este pero lo he logrado. Es subversivo no esnifar», bebe. «Se meten todos y lo cuentan en las canciones. Que sí, ya sabemos que os va la coca».

00.42

-Pues que sepas que Guillermo Abril me ha hecho otro reportaje en El País Semanal.

-A Guillermo Abril se lo explico.

01.57

Un grupo de andaluzas malencaradas con las que ha acabado compartiendo mesa le preguntan cómo se llama. «¿Carlota? ¿Carlota Corredera? Ah, que cantas».

2.10

«¿Cómo te llamabas?», vuelven a preguntarle. Somos los últimos del Prada. La Meji la defiende: «Oye, pues claro que canta». Carlotta no responde. «No engaño a nadie, soy lo que soy», ríe.

2.30

El grupo sale del Prada. Beto habla con Carlotta de verse en Nueva York. Coincidirán en algunas semanas. En la puerta del Prada alguien rebaña un pollo de con una llave. Roge comenta lo del tipo que borra sus bombas, los grafitis que deja con seudónimo. «A ese tío le van a partir un día la cara».

3.30

Llegamos al Palacio de la Prensa. The Jungle Session vale 12 euros. El ropero, 2 por prenda. Fumando pitillos, pasa una hora hasta que deciden entrar. Carlotta paga al skater Santi, abrigadísimo, su entrada. Sólo tiene dinero para soltar el skate. Beto le deja para que pueda quitarse uno de los abrigos.

3.42

«Vodka con agua con gas», pide Carlotta. No hay agua con gas. «Voy tan borracha que prefiero no beber», se pierde por la pista. Ha dejado el Barbour debajo de una mesa, sobre la pila de abrigos tirados en el suelo. Beto se encuentra con ella. Charlan. Anna se acerca. Tiene algo que decirme. «No somos tan cutres. No solemos venir a este tipo de sitios». Santi ríe con ganas y muestra el hueco de la paleta que le falta con la forma de bailar de algunos: sudan, están descalzos, agitados como en una misa evangélica.

4.10

El grupo baila irónicamente. El dj, con gafas de sol, hace esfuerzos patéticos por animar la fiesta. Suenan varios géneros. Dancehall, clásicos del reguetón. Nos colocamos en fila como si viéramos fuegos artificiales, un atardecer o la cópula de dos jirafas: el DJ salta de un lado a otro del escenario. Se ha formado un corrillo alrededor de un tipo idéntico a Sean Paul. «¿Sean qué?», pregunta Carlotta. Beto le cuenta cosas al oído.

4.47

Los vasos están vacíos. Decide irse. Se queda en la puerta charlando con Beto. En el Papizza de Gran Vía me encuentro con una pareja de amigos de Carlotta. Él celebra la palabra con la que Arcadi define a Risto Mejide: «Sicofante». Nos abrazamos.

5.30.

Aparece Carlotta Cosials sola. Coge una porción de cuatro quesos. «¿Ayuso fue el quinto programa más visto de El Hormiguero? No me lo puedo creer. No soy de su partido. Almeida, el chiquitín, me cae bien«, confiesa haciendo el gesto sobre la barra acristalada de pagar, como el meme del mercado sacado del vídeo de una visita del alcalde de Madrid. Al pagar con 20 euros, Almeida dice: «Poco me parece».

5.45

Santi, caminando de Gran Vía a plaza de España, insiste en que la calle habla mucho de otra Filomena. Sus palabras atraen la ventisca. «¿Veis? Va a venir una borrasca peor que la del año pasado. Lo dicen los taxistas. Los taxistas no mienten».

6.02

Carlotta rechaza posar al lado de la señal arrancada del parque de las feministas. «Es demasiado, ¿no? Mis amigos de Barcelona flipan con que salgamos todos juntos. Allí están divididos en clanes. Madrid es mejor». Sube a buen ritmo la calle Mártires de Alcalá, encarando Blasco de Garay.

-Todo me huele a Kuumba.

-Puedes decir a ti.

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