Armengol, ilústreme: ¿Diálogo? ¿Qué diálogo?

En la ponencia política del Congreso del PSIB, coordinada por Pere Joan Pons, congresista y ex alto cargo del socialismo balear, pero no ajeno a la aspiración separatista, aparece la palabra mágica «¡diálogo!», que la Molt Honorable Francina Armengol enarbola como seña de identidad para darle credibilidad al partido. La pregunta, entonces, es: ¿Diálogo con las madres de las menores tuteladas prostituidas? ¿Diálogo con las pymes y el sector del ocio, que ha contribuido a debilitar con sucesivas arbitrariedades por causa de la pandemia? ¿Diálogo en la noche de copas en el Hat Bar, con quienes sí cumplían la normativa anticovid? ¿Diálogo con la oposición?

Antes de continuar, veamos qué dice la RAE a propósito de diálogo. En la Academia de la Lengua nos dicen que es “la conversación entre dos o más personas que exponen sus ideas y comentarios con la intención de llegar a un acuerdo de forma alternativa” y también, “discusión sobre un asunto  o sobre un problema con intención de llegar a un acuerdo o de encontrar una solución”. Dígame, señora Armengol: ¿el rodillo es una forma de diálogo?

Tal vez entiende por diálogo el simple reparto del botín entre sus socios de izquierda radical, una vez aupados en el poder autonómico, insular y local. Lo de “encontrar una solución” o “llegar a un acuerdo” lo interpretan con manga ancha, esto es, creando compartimentos estancos, que no se tocan. 

Es tan irracional esta manera de conducirse –este cromo es tuyo y este mío- que se pierde en el camino la prerrogativa legal de quien preside el Govern de nombrar o cesar a su criterio y sin mediación alguna. Porque se entiende a los miembros del Consell de Govern como su equipo y no una partida de piratas abriendo los cofres en cubierta del “Bajel que llaman por su bravura ‘el Temido’ en todo mar conocido del uno al otro confín”, que diría José de Espronceda. No, señora Armengol, esto no es diálogo, ni se le parece.

Pero esta mujer tiene la desfachatez de defender un futuro para Baleares, “marcado por unas políticas de diálogo y transparencia”. ¿Transparencia? ¿Dónde está la comisión de investigación por las niñas prostituidas?  ¿Es transparencia, de ser ciertas las presiones para que Bruselas no envíe una comisión del Parlamento Europeo a investigar lo sucedido en el IMAS?

¿Políticas de diálogo y gritan “no pasarán”, refiriéndose a la oposición? El grito es netamente guerracivilista (pronunciado por La Pasionaria, durante el asedio a Madrid) y en consecuencia no responde a la legítima aspiración de mantenerse en el poder revalidado por las urnas. Ustedes solo persiguen perpetuarse en el poder, por eso hablan en su ponencia marco, nada menos que de “propuestas para la vertebración del país”. ¿Qué tipo de propuestas? ¿Meterle prisa a la maquinaria de ingeniería social, cogiendo desprevenido al ciudadano de a pie con un rosario de hechos consumados? 

Usted ha dicho en el XIV Congreso del PSIB-PSOE, celebrado días atrás, que “no sabría gobernar sin diálogo”. Se lo repito: “No sabría gobernar sin diálogo”.  Permítame; se lo diré a las claras: no se puede ser más caradura. 

Ustedes, socialistas, jamás han dialogado desde que el existe y ahora se empeñan en meternos con calzador que son socialdemócratas cuando esa condición, si alguna vez la tuvieron, desapareció con Rodríguez Zapatero.

“No sabría gobernar sin diálogo”, enarbola usted embravecida. Jopé con la inquera que ha mamado desde la cuna que el puño en alto es un símbolo de resistencia desde los asirios. Nadie le ha enseñado que diálogo, en efecto es conversación, entendimiento, de ideas, contrastar convicciones hasta llegar a acuerdos y encontrar soluciones desde la apertura de miras y no imponiendo la cerrazón ideológica. Usted, en definitiva, nos toma por gilipollas, y lo peor, que lo expuesto anteriormente sí es socialdemocracia.

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