Los cinco alumnos de IDarte, de izquierda a derecha, Amaia Pidal, Andrea del Hoyo, Jakue Arruabarrena, Nerea Sanz y Eire Vila, en uno de los extremos del túnel intervenido.
Los cinco alumnos de IDarte, de izquierda a derecha, Amaia Pidal, Andrea del Hoyo, Jakue Arruabarrena, Nerea Sanz y Eire Vila, en uno de los extremos del túnel intervenido.FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

El paso soterrado de peatones de la plaza San Pio X en Bilbao, en el borde norte del Puente de Deusto, se ha convertido en un laberinto de obstáculos. El color amarillo limón de todas sus paredes alerta del peligro. Para cruzar de un lado a otro, o bien hacia la Universidad de Deusto o hacia el centro de la villa, hay que apartar con los brazos las tiras de goma que tejen una inquietante y blanda tela de araña. Esas gomas, que permanecerán desde este jueves hasta el día 25 simbolizan el miedo que da cruzarlo, la escasa accesibilidad de sus escaleras, el temor que provoca a veces la oscuridad en sus usuarios, y tienen como objetivo acelerar la reflexión sobre unas soluciones de movilidad del pasado que en el presente deberían pasar por soterrar los coches, y no a los ciudadanos. Un debate mundial a la vista de los riesgos que incorporan a la vida en los nucleos urbanos.

“La idea es extender durante una semana a todos los usuarios del paso lo que muchos colectivos sienten cuando lo atraviesan”, explican Nerea Sanz y Eire Vila, dos de las integrantes del equipo cuyo proyecto se enmarca en la Bilbao Bizkaia Design Week 2021. Su idea se ha ganado, entre muchos otros proyectos, el derecho a intervenir el puente. Antes de afrontar el reto hicieron una encuesta entre los usuarios de los dos túneles en “V” bajo la rotonda, de 22 y 35 metros. Las conclusiones confirmaron todos sus temores. “A la gente no le gusta, todos reportaban que era desagradable, les provocaba temor, que era oscuro porque algunas luces fallan y encima las continuas pintadas ensombrecen el tránsito”, explica Vila. “Todo esto nos reafirmó en el proyecto como una manera de que la gente se ponga en la piel del otro: besteen azalean” relata Sanz.

“La idea del juego como proyecto transformador y de comunicación me pareció muy interesante, explica Jon Gorospe (Vitoria 1986), un artista reconocido por numerosas instituciones públicas y privadas, como el Museo Salomon R. Guggenheim (USA) o la Fundación Sasakawa (Japón-Escandinavia). Viene de Lisboa de inaugurar una exposición y la semana que viene se traslada a Roma a cortar la cinta de otra muestra con sus obras. Gorospe, exalumno de IDarte ha ejercido como tutor del equipo. “Este proyecto era el que mejor sintetizaba y desarrollaba el concepto de arte como una herramienta de transformación al servicio de los ciudadanos”, ha explicado el artista que ha intervenido diversos espacios urbanos en diversas capitales en los cinco continentes. Esta semana ofrecerá una conferencia en el seno de la Bilbao Bizkaia Design Week 2021. “Nos ha aportado su experiencia y su conocimiento en al proyecto”, explica Sanz.

El proyecto del grupo vitoriano se llama Ioki, en recuerdo del tradicional juego infantil que se basaba en dar saltos con unas gomas. Unas cintas elásticas, “de las que compran mayoritariamente las mujeres en las mercerías” -relata con intención el equipo-, que permiten a las personas interactuar con ellas en un juego de dar y recibir, de aportar y de reflexionar. Un argumento con el que quieren devolver a las personas al centro de la vida en la ciudad, y al urbanismo, y al diseño urbano como las herramientas para arreglar y satisfacer las necesidades de los ciudadanos.

El resto del equipo formado por Amaia Pidal, Andrea del Hoyo y Jakue Arruabarrena pintaban con aerosoles las estructuras metálicas de los accesos. Todavía disponían de unas horas antes de la inauguración de la instalación y su experiencia en el interior de los túneles les confirma que “no deberían existir los pasos soterrados de estas características”, dicen casi al unísono, “o en todo caso deberían ser mucho más luminosos y proporcionar mejores sensaciones”, aportan al debate. Amaia, Andrea y Jakue son alumnos de cuarto. La elección de los equipos fue decisión del centro universitario para reproducir mejor las condiciones laborales a las que se enfrentarán en breve. “Llegas a equipos que ya están hechos y a cuyos integrantes no conoces, y tienes que adaptarte”, explica una de las profesoras del centro educativo vitoriano que les acompaña. Las redes sociales ya están empezando a distribuir el proyecto. Tanto la escuela como el hastag #IOKI profundizan ya en los argumentos del grupo.

Un funcionario del Ayuntamiento alucina con la nueva imagen del paso soterrado. Del blanco manchado con mil grafitis al amarillo chillón hay un abismo, pero le da mucha luminosidad al puente y un punto de alegría que hace diferente el tránsito. Tras cotejar que los estudiantes tenían los permisos en orden para hacer la intervención, se ocupa de apuntar las especificaciones de la pintura amarilla usada, para seguir con ese mismo tono cuando las paredes vuelvan a mancharse. Será el único resto que quede de la intervención. Los ganchos de la pared que sujetan la red de gomas se eliminarán después de la provocadora intervención urbana, el mismo día 25. “Es emocionante, es la primera vez que se hace realidad un diseño del grupo”, explica Eire. Sería otro éxito que, además, provocara una intervención, en este caso municipal, para mejorarlo.

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