Así es el ‘árbol de la muerte’, tan tóxico que no debes estar bajo sus ramas cuando llueve

De entre todas las especies de árboles, hay uno que ostenta el título de ser el más peligroso del mundo, según el Guinness de los Récords.

Se trata del manzanillo de playa (Hippomane mancinella), también conocido como el ‘árbol de la muerte’, cuya apariencia inofensiva y su fruta, similar a la manzana, han confundido a más de uno, con resultados fatales.

Este árbol es nativo de zonas tropicales del continente americano, como el sur de EE UU, países del Caribe, América Central o la parte norte de Suramérica.

Según advierte el Instituto de Ciencias Agrícolas y Alimentarias de Florida, todas las partes de esta especie, incluida su fruta, son venenosas. Entre los síntomas que puede provocar en humanos se encuentra la «dermatitis por contacto, ampollas en la piel, conjuntivitis con ceguera de hasta 3 días y síntomas gastrointestinales severos si se ingiere», indican. Incluso quemar la madera de este árbol puede dañar los ojos, añaden.

Este árbol pertenece a la familia de las Euphorbia, donde también se encuentra la decorativa flor de Pascua de Navidad. Su savia, espesa y lechosa, está presente tanto en la corteza, como las hojas o su fruta, y puede generar ampollas graves similares a las quemaduras si entra en contacto con la piel, indican desde Science Alert.

Esto se debe a que la savia contiene una gran variedad de toxinas, entre ellas el forbol, un compuesto orgánico que pertenece a la familia de los ésteres diterpénicos y que es altamente soluble en agua, de ahí que ni siquiera se puede estar bajo este árbol cuando llueve: las gotas de con savia diluida pueden quemar gravemente la piel.

La radióloga británica Nicola Strickland plasmó en The British Medical Journal su experiencia con este árbol después de haber probado su fruta en pequeñas cantidades.

«Mordí la fruta y me supo agradablemente dulce. Mi amiga también lo hizo. Momentos más tarde notamos un extraño sabor picante en nuestra boca, que progresó gradualmente a una sensación de ardor y desgarro, y una opresión en la garganta», explicó.

Las secuelas tardaron más de ocho horas en desaparecer a base de piñas coladas y leche, pero la afectación llegó a los ganglios linfáticos cervicales. «Nuestra experiencia provocó un franco e incredulidad entre los locales. Tal es la reputación del veneno de la fruta», concluyó Strickland.

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