Anda el Barça mirando hacia atrás. Mira sin parar. Mira en busca de lo que fue como primera piedra para lo que quiere volver a ser. No hay semana sin retorno al Camp Nou. Hace una semana fue Xavi, ahora es el turno de Alves. Y en marzo, coincidiendo con las elecciones, el socio votó por la nostalgia representada en Joan Laporta, el presidente que impulsó la creación del mejor equipo de la historia. El Barça de Guardiola. Otro al que se le propuso regresar a la casa común del barcelonismo. Pero sin éxito. Incluso se tentó la opción de Luis Enrique, pero este tiene la misión de devolver a la selección española a la elite del fútbol mundial.

Puestos a rescatar la nostalgia como eje fundacional de la nueva obra que intenta edificar Laporta en medio de una economía de guerra hasta se especuló con dos retornos. Igual de utópicos en ambos casos. «No puedo predecir el futuro, están jugando todavía, son grandes del Barça y han hecho grande al club», aseguró el dirigente azulgrana.

Incluso el presidente no ha llegado a descartar el retorno algún día al Camp Nou de Messi o Iniesta

«Lo tenemos siempre presentes, pero son jugadores con contrato en vigor con otros clubs y se ha de respetar», añadió Laporta. Iniesta juega en Japón desde el verano del 2018. Y renovó con el Vissel Kobe en mayo pasado hasta el 2023. Messi quería quedarse en el Barça, pero no pudo. Firmó por el Paris SG por dos temporadas más. Hasta el 2023, también. 

La puerta siempre abierta

Pese a todos esos condicionantes, el presidente continúa dejando abierta la puerta para que puedan retornar a su vieja casa del Camp Nou. «Yo no los descarto», subrayó Laporta, especializado en continuos guiños hacia el pasado para arrancar una delicada reconstrucción deportiva. Delicada porque no hay dinero. Ni tampoco tiempo.

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Obligado el club, y por supuesto él mismo, a vivir en la precariedad, algo que no tuvo que sufrir, por ejemplo, en su primera etapa en el palco (2003-2010) y delicada, además, porque busca reflejarse en el espejo de lo que deslumbró desconociendo ahora si esa fórmula funcionará.

La añoranza resulta inevitable en un club que ha consumido y autodestruido su presente. Gira la vista hacia atrás en una desesperada búsqueda de reencontrarse consigo mismo, festejando los retornos (el Camp Nou se abrió para recibir a Xavi, algo inusual en un técnico, y también para acoger la vuelta de Alves) como si fueran pequeños títulos. Actos llenos de nostálgica alegría.

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