Este domingo 28 de noviembre se despide el XIV Jazz Voyeur Festival, el genuino heredero del mítico Internacional de Jazz de Palma, que alumbró las mejores noches en la década de los años 80 del siglo pasado.

Ha sido una edición atípica por lo reducido del cartel, si bien la presencia de Maria del Mar Bonet atreviéndose a cantar con una big band y además cerrar con el cuarteto liderado por el saxofonista de Memphis, Charles Lloyd, ya nos ha regresado el Jazz Voyeur a sus buenos tiempos previos a la pandemia.

No ha sido fácil el camino y lo que cuesta creer es que desde el mismo Ayuntamiento de se cometiera el atropello de ningunear el Jazz Voyeur creando el Jazz Palma en recuerdo de aquellas grandes citas de los 80, cometiéndose dos estupideces al mismo tiempo. La primera estupidez no aceptar que el Jazz Voyeur es el genuino heredero y la segunda, eso de Jazz Palma, sencillamente porque alguien registró la propiedad intelectual de Internacional de Jazz de Palma, así que nadie más puede utilizar ese encabezamiento. Pero la izquierda es así: una completa inutilidad, por mucho que goce de buena prensa… domesticada.

El promotor de conciertos de jazz, Roberto Menéndez, argentino de origen español, es quien siempre ha estado detrás del Jazz Voyeur. El corralito, de infausto recuerdo, fue lo que empujó a Menéndez a buscar mejor fortuna en y nos eligió a nosotros, hasta convertirse en un mallorquín de tomo y lomo. Su atesorada experiencia nos ha enriquecido. Pero el Ayuntamiento de jamás quiso o supo reparar en él. Obligándole a los equilibrios de difícil encaje que son propios de la iniciativa cultural privada.

Roberto Menéndez tenía un sueño y era incorporar a su dilatado currículo la figura de Charles Lloyd, el único de los grandes del saxo que todavía no había conseguido contratar desde los días que regentaba un reconocido club de jazz en Buenos Aires. Ahora sí lo consiguió, porque las circunstancias le han favorables. Charles Lloyd años atrás visitó y quedó prendado de la isla, hasta el punto de reducir su caché para regresar y ser el protagonista de la clausura del XIV Jazz Voyeur Festival. Incluso tiene una pieza grabada, Majorca, que es el perfecto resumen de su amor por la isla.

Hablar de Charles Lloyd es hacerlo de una leyenda del género y basta con señalar los dos grandes sellos para los que ha editado: ECM y Blue Note.
Centrándonos en su visita a Son Amar cuya fisonomía, en efecto, recuerda no solamente un club de jazz sino además uno de aquellos ballrooms en los que tocaban las míticas bandas del swing, Lloyd se acerca al frente de su cuarteto, del que forman parte Gerald Clayton (piano), Reuben Rogers (bajo) y Kendrick Scott (batería); es decir, una réplica de su estreno frente a un cuarteto, allá por 1965, acompañándose de Keith Jarrett (piano), Jack DeJohnette (batería) y Scott McBee (contrabajo). Palabras mayores.

La dilatada experiencia de Charles Lloyd lo conecta con figuras capitales de la de la Costa Oeste y por citar unos pocos nombres, The Doors, Canned Heat, The Beach Boys, Mark Isham o Roger McGuinn, cofundador de The Byrds, que no es poco, además de codearse con los grandes del jazz y el blues. Aunque lo importante, como refleja la crítica, es su directo y de eso va la cita con el Jazz Voyeur Festival, un directo de ensueño.

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