Julian Lage, en una imagen de promoción. / Alysse Gafkjin

El guitarrista de 33 años prosigue la exploración musical del género y recoge el testigo de maestros como Jim Hall y Charles Lloyd

Doménico Chiappe

Cuando está armado con una Fender Telecaster de los años cincuenta, más propia para el viejo rockero que para un académico joven, imprime a su jazz una distorsión y notas agudas atípicas en las cajas anchas de las Gibson.

No le quita sin embargo pulcritud al sonido de sus cuerdas, pero le otorga un aire de desenfado. Desde sus primeras grabaciones, Lage impresiona con su precisión. Fue un niño prodigio. Se le suele recordar subido a un gran escenario con Santana, entre otros artistas con los compartió en unos inicios infantiles. Entonces, no les llegaba ni al hombro pero se ganaba sus solos a pulso.

Pasado el tiempo su ejecución se ha decantado más por el jazz, puro, en la tradición de grandes maestros como Jim Hall, con quien tocó también, pero influido por antecesores en la guitarra como Segovia. Un influjo que se puede escuchar en temas como ‘Peru’ de su álbum ‘World’s Fair’ (2015). En este trabajo hay ya una voz propia, distinguible por sus tonos y cadencias. Contiene doce piezas, de las que varias son rescatadas en sus giras, como la suave ‘Ryland’ o ‘Lullaby’.

Ahora recorre tres ciudades de con su nuevo álbum, lanzado hace cinco meses. Hace años que le acompaña, en su formato preferido, el del trío, el contrabajo de Jorge Roeder (bajo), mientras que en la batería alterna siempre con percusionistas de primer nivel, como Kenny Wollesen o Dave King, con quien grabó este reciente disco, titulado ‘Squint’ (que puede traducirse como ‘estrábico’ o ‘bizco’). Grabado en 2020 con una Gibson (guardada quizás por un buen tiempo su Telecaster), para el sello ‘Blue Note’, es «un sueño hecho realidad», repitió Lage el lugar común al presentar el vinilo el día del lanzamiento. Su recorrido español empieza en Lugo (hoy, 18/11), mañana en el Jazzmadrid dentro del ciclo Villanos del Jazz (Teatro Pavón, 19/11) y finaliza en Barcelona (20/11).

‘Squint’ empieza con el espectro repleto sólo por sus seis cuerdas en un baile de arpegios en ‘Etude’ y de allí coquetea con el aroma del Mississippi con ‘Boo’s Blues’, en la que parece dar un paseo circular por conocidas disonancias, una firma de sus canciones. El tema que da nombre al disco encuentra el punto de fusión entre todos los palos que toca y se deleita en recorrer las escalas modales.

Si en sus primeros álbumes mostraba su perfecta técnica con guitarras de caja, y en ‘Love Hurts’ (2019) consolidaba esa voz que hace inconfundible cada pieza de Lage, y en este nuevo trabajo muestra ya una madurez inusual para sus 33 años. Una sabiduría mostrada durante la gira del último mito vivo del jazz que sigue activo, Charles Lloyd, saxofonista octogenario, a quien acompañó en su gira ‘8’ previa a la pandemia. Se ganó los respetos del viejo Lloyd en unos largos mano a mano en los que uno aportaba al otro, como dos iguales. La impronta de Lloyd -el de la época del grupo con Jarrett, Ron McClure y DeJohnette- se deja sentir en algunas progresiones y ambientes, como en ‘Familiar Flower’, que cierra el lado A del vinilo. En el B baja el tempo, se hace más íntimo. Del palpitar de ‘Quite like a Fuse’ hasta la caída en cascada de ‘Twilight Surfer’.

Suele pasar que cuando funciona una sesión en vivo, el jazz vuela a niveles muy superiores a los que se escuchan en las grabaciones por pistas. En el caso de ‘Squint’, comparado con otros directos de Lage donde ya se escuchan algunas de estos temas, las sensaciones no se pierden y pueden alcanzar las mismas cotas de efervescencia. En sus ‘jam’ más conocidas, este guitarrista formado en las mejores academias, suele seguir el guion de sus ‘moods’ e improvisar lo justo. Reconoce como inspiradores el ‘Idle Moments’ de Grant Green y el ‘Inner Urge’ de Joe Henderson. Quiso hacer música «positiva y hermosa», y lo logró. Ahora lo defiende en las tablas, frente al público europeo.

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