El Atlético sana sus heridas en Cádiz

De vuelta al torneo doméstico el Atlético cicatrizó las heridas de la Champions con una victoria que le permite seguir la estela de la cabeza de la Liga y pelear por su segundo título consecutivo.

El equipo no estuvo a la altura en la primera parte, pero tras el descanso impuso su superioridad liderado por el belga Carrasco y el francés Lemar, los mejores de la tarde con mucha diferencia.

El resultado final en Cádiz, pese a su contundencia, no permite sin embargo al Atlético liberarse de un estigma que le lleva persiguiendo durante casi siete meses. Desde el ocho de mayo, cuando empató a cero en el Camp Nou, no logra mantener a cero su portería en un partido fuera de casa. Hoy parecía que podría acabar con esa mala racha, pero ésta no es de momento la temporada de Oblak, que a los 86 minutos no estuvo acertando en un centrochut de Lozano que acabó colándose en su portería.

Eso sí, pese a que el marcador parece indicar lo contrario, lo cierto es que el Atlético tuvo que remar contra corriente para llegar a buen puerto porque su primera parte fue espantosa. En la primera jugada del partido ya pudo hacer barraca el Cádiz. Lozano dejó en evidencia a Giménez con un robo de balón que permitió al hondureño pisar el área y dar un pase de gol que evitó in extremis Llorente jugándose el tipo. Fue una advertencia de las intenciones gaditanas, un chorro de valentía que dejó desconcertado al Atlético. Lemar tomó la batuta para filtrar un par de pases interesantes poco después, pero fue sólo una gota de agua en un nuevo océano de mediocridad.

La primera parte rojiblanca en el Nuevo Mirandilla fue una nueva versión de sus pesadillas más recurrentes. Un equipo plano, sin ideas, horizontal y poco ambicioso pasó por el campo sin un solo disparo entre los tres palos y sin más ocasión que un remate alto de Luis Suárez que probablemente hubiera anulado el VAR por fuera de juego. Una sombra del equipo que el año pasado, en este mismo escenario, llevaba ya dos goles marcados antes del intermedio, y que además tuvo que echar mano de los cambios antes de lo previsto porque Giménez se marchó al banquillo, mareado tras haber recibido un manotazo en el área. A los 33 minutos le reemplazó el brasileño Felipe.

En su esterilidad también es cierto que el sospechoso habitual volvió a hacer de las suyas. El historial de Gil Manzano demuestra que no vacila ni un segundo en expulsar a jugadores del Atlético de Madrid. Joao fue el último en sufrir su rigor hace un par de meses, pero ha llegado hasta a mostrarles tarjetas rojas en el vestuario, como sucedió con Gabi en un partido de Copa ante el Barcelona. Sin embargo parece que ese criterio no se aplica igual cuando de quien se trata es del equipo adversario. A los 24 minutos le mostró la tarjeta amarilla a Álex Fernández, pero a los 37 le perdonó la segunda cuando zancadilleó a Carrasco. Los jugadores rojiblancos le rodearon y se echaron las manos a la cabeza, pero no sirvió de nada. El Cholo se limitó a sonreír, pero ni un solo miembro de la expedición atlético albergaba la menor duda de que si la jugada hubiera sido al revés el equipo se hubiera quedado con diez futbolistas.

La segunda parte arrancó con en las áreas. Primero en un disparo de Cala que estuvo a punto de cazar Lozano en el segundo palo, luego en un cabezazo de Savic tras un saque de esquina que obligó a intervenir por fin a Ledesma. Poco después Cala apareció solo en el área tras otro córner, pero no acertó portería con todo a su favor.

Consciente de lo difícil que es crearle ocasiones así a un rival como el Atlético, Álvaro golpeó con rabia el banquillo porque sabía lo que significaba ese error. No se equivocó. Sólo un minuto más tarde Carrasco tomó un balón en la izquierda, lo envió templado al segundo palo y allí surgió la cabeza de Lemar para marcar su tercer gol de la temporada. Simeone descargó entonces todo el estrés acumulado tras una semana muy complicada y se dejó caer en su asiento resoplando.

Para el Cholo fue un instante de alivio necesario, pero la calma duró sólo un segundo porque quedaba mucho partido aún por delante y no tardaría en volver a sufrir sobresaltos. A los 63 minutos el Atlético se lanzó a un contragolpe de tres contra uno que sí o sí debería haber acabado en gol, pero en el disparo final Lemar tiró al muñeco y Ledesma evitó el 0-2.

Recordando ejemplos recientes como los del Levante o el Valencia, a Simeone se le aparecieron los fantasmas de su pasado reciente, pero por suerte esta vez se disiparon de inmediato porque de nuevo intervino Lemar, ahora para combinar con Llorente para que el madrileño sirviera raso al área, donde Luis Suárez dejó pasar el balón para que Griezmann remata con la derecha lejos del alcance de Ledesma.

Con el partido resuelto hubo incluso lugar para que el equipo exhibiera su talento. A los 76 minutos los cuatro jugadores de ataque mostraron su fantasía con una jugada al primer toque que resolvió Correa y a los 86, inmediatamente después del gol de Lozano, el brasileño Mattheus Cunha resolvió un gran pase de Griezmann. Es la primera vez en la temporada que el Atlético marca cuatro goles. Sin duda es la mejor terapia para recuperarse del 0-1 contra el Milan, pero vienen inmediatamente platos fuertes que de verdad darán la dimensión auténtica del equipo.

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