Los otros efectos de la pandemia: el mundo despide 2021 sumido en una crisis energética global

Los otros efectos de la pandemia: el mundo despide 2021 sumido en una crisis energética global

Así como los dos últimos años el ha girado en torno a la pandemia del coronavirus, si echamos la vista atrás en los últimos doce meses, hay otro elemento que también ha copado el interés y la desesperación de muchos ciudadanos: la electricidad.

La subida de las facturas en los hogares de buena parte del y la lucha de los países por hacerse con una parte del preciado mercado global de la energía ha sido una constante este 2021.

La reactivación de la economía y la industria de forma acelerada tras los confinamientos, los efectos climáticos, la subida del precio de gas y los conflictos por las materias primas han sido el polvorín perfecto para la crisis energética vivida este año. 2021 termina sin recuperarse en este aspecto, muchos países continúan batiendo récords del precio de la electricidad y prometen un primer semestre de 2022 muy parecido, donde los Gobiernos buscarán desesperadamente aplicar medidas para paliarlo.

Reactivación de la economía y subida del gas

La subida de la electricidad, que afecta a nivel mundial, está originada, entre otros factores, por el incremento de la subida del precio del gas. La recuperación económica tras meses de parón provocado por el covid ha generado una subida de la demanda de la energía, especialmente el gas natural, para abastecer a la industria. La oferta no ha podido seguir a la demanda, y el precio del gas se ha disparado tanto que se ha multiplicado por 5 en el último año.

¿Cómo llega el gas a España?

La demanda asiática de gas natural, especialmente de China, está teniendo un fuerte impacto en los mercados globales, puesto que reduce la oferta disponible para otros lugares. En el gigante asiático, el Gobierno pidió hace meses a las zonas industriales limitar su consumo energético, tras los cortes de suministros que han sufrido varias regiones.

Otro factor a tener en cuenta es el productivo. Se ha producido una disrupción en el suministro procedente de Rusia o Noruega (uno de los principales proveedores de Occidental), que han disminuido debido a trabajos de mantenimiento. Esto ha ocurrido en muchas plantas y yacimiento del mundo, ya que al frenar la extracción de materias primas por la falta de demanda durante los confinamientos del covid, luego recuperar su actividad no se puede hacer de manera inmediata, provocando retrasos y menos oferta.

Por otro lado, la geoestrategia es también una parte fundamental en la lucha por la energía, y ha vivido varios episodios: el estancado conflicto Rusia-Ucrania, el retraso de la entrada en funcionamiento del NordStream2 por las sanciones de Estados Unidos o el cierre del gasoducto Magreb-Europa que conectaba Argelia con España a través de Marruecos son solo algunos ejemplos.

Los países productores y las potencias receptoras usan la energía como parte de su diplomacia, provocando en ocasiones la subida de una materia prima crucial para generar energía.

Los efectos climáticos, otro factor fundamental

A todo esto hay que sumarle efectos climatológicos como sequías y olas de frío, que han provocado escasez y demanda de energía a partes iguales, incrementado notablemente la crisis. El invierno sufrido en invierno de 2021 en varias regiones del mundo (España sufrió la tormenta Filomena), ayudó a provocar un descenso pronunciado de las reservas, afectando a la subida de los precios.

Con todo, el frío no ha sido el único fenómeno climático que ha sumado a empeorar la crisis energética; la sequía también ha afectado a otras regiones, como es el caso de países africanos o de sudamericanos como Brasil. Este país ha vivido una importante crisis hídrica, la peor en casi un siglo; en un Estado donde alrededor del 60% de la electricidad sale de las hidroeléctricas y los embalses han estado bajo mínimos, la factura de la luz por las nubes y algunos casos de municipios con racionamiento de agua.

Otros Gobiernos latinoamericanos como o Perú se han visto obligados a intervenir en la escalada de precios de la energía, creando fuertes tensiones entre las empresas privadas y el Estado.

Un mercado energético interconectado

La electricidad se produce con la de diferentes fuentes de energía: de origen renovable (solar, eólica, hidráulica y geotérmica) o por combustibles fósiles (carbón, petróleo o gas). En algunos países como España, el origen para producir la electricidad proviene en buena medida del gas, marcando las subidas de la electricidad.

Cada hora del día tiene una previsión de consumo concreta y esa energía hay que fabricarla mediante una de las múltiples formas con las que se cuenta. El orden en el que entra la energía es el siguiente: primero la nuclear, luego solar, eólica, hidráulica, cogeneradoras, y por último el ciclo combinado (el gas) y el carbón. Cuando la demanda es muy poca, por ejemplo durante la madrugada, la energía la pueden cubrir fuentes más baratas, como hidráulicas o eólicas. Sin embargo, durante el día hay horas de mayor demanda y consumo, por lo que hay que poner todas las energías a funcionar. Si no hay viento o sol, entra mucho más gas, que al tener un precio mayor, aumenta el precio de la electricidad.

A pesar del impulso que han tenido las energías verdes y renovables, Saxo Bank plantea una posible recuperación de las industrias petrolera y gasística, lo que haría que las inversiones perdieran interés en estas nuevas alternativas y volvieran a las viejas, en busca de un mayor beneficio.

Además, en a la subida del gas hay que sumarle la subida del precio de los derechos de emisión de CO2. Este es un mercado creado por la Unión Europea en 2005 con la intención de alcanzar sus objetivos de reducción de emisiones acordados en el marco del Protocolo de Kioto, imponiendo un límite de emisiones de CO2 a cada país, donde aquellos Estados que los superen pueden comprar derechos de emisión de otros países que no llegan al máximo que tienen marcado.

¿Qué ocurrirá en 2022?

La tendencia actual del sector energético no parece invitar al optimismo, con la continua subida del precio del gas y el barril de petróleo Brent en torno a 30 euros más caro que como comenzó el año. Las necesidades de cada país, sus recursos naturales alternativos (como el carbón o las renovables), la capacidad de competir en el mercado internacional de la energía y los compromisos por cumplir los objetivos medioambientales, serán esenciales para que cada Estado pueda revertir esta situación.

En España, Los precios de la energía despedirán 2021 en sus niveles más altos, con la luz marcando récords mensuales desde julio, el gas disparado y los carburantes en niveles que no se veían desde hace más de ocho años. El Gobierno se ha visto obligado a prorrogar durante el primer cuatrimestre de 2022 la bajada de los impuestos que gravan la factura eléctrica, aunque todavía no ha precisado con exactitud los términos de esta extensión.

Cómo acabe 2022 es todavía difícil de saber, aunque su inicio será muy parecido al año que acaba. La factura de la luz de buena parte del continuará sufriendo esta escalada de precios, mientras los Gobiernos tratarán de paliar sus consecuencias en las economías domésticas. Más allá del drama sanitario y humanitario, los efectos de la pandemia en la economía han desencadenado también una de las crisis energéticas más importante en décadas.

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