El 19% de las mujeres que corren por Barcelona han sido víctimas de acoso

  • El 94% de las corredoras aseguran que antes de salir a correr planifican su ruta o la franja horaria por motivos de seguridad
  • La falta de iluminación y las calles sin gente, principales elementos que las mujeres evitan cuando salen a trotar
  • Montjuïc es el lugar que genera más vulnerabilidad, mientras que la Diagonal o Gran Via, por la concurrencia de gente, crean más confort

En los primeros años 80, los pocos que salían a correr eran objeto de todo tipo de burlas. El expresidente de una federación deportiva catalana recuerda que le llamaban «maricón» por calzarse unas mallas. Y a Felicitat Caldentey, que solía correr junto a su esposo Miquel Pucurull, en más de una ocasión le gritaron que volviera a la cocina. Cuatro décadas después, salir a trotar es una práctica habitual. Podría decirse que incluso está de desde que la gente se dio cuenta de que no hay mejor gimnasio que la en sí. Pero del insulto barato y soez que solo buscaba la risotada se ha pasado al acoso, y del acoso se ha pasado a la inseguridad. Según un estudio del RACC y de la compañía de seguros Zurich, el 19% de las mujeres corredoras de aseguran haber sido objeto de intimidación mientras practicaban deporte al aire libre. En Madrid la cosa está peor: son el 25%.

La noche y la escasa iluminación sacan a la calle lo peor de cada casa. Y también lo mejor, porque es el momento, puesto que la vida no da más de sí, en el que muchas personas salen para practicar deporte. El 56% de las situaciones de acoso se producen en el ocaso de la jornada. Si algo tiene el corredor es que es animal de costumbres. Suele repetir rutas, porque conoce el desnivel, los semáforos, la longitud y el tiempo que le llevará la ida y la vuelta.

La planificación y el miedo maridan sin remedio cuando se trata de correr: el 94% de las mujeres, siempre según la encuesta presentada este jueves, toman medidas de seguridad personal, como evitar las vías mal iluminadas y solitarias, intentar correr en grupo o elegir franjas en las que haya más gente por la calle. Cosas que pueden parecer de sentido común pero que en el fondo exhiben la triste realidad urbana de ser mujer: cruzar el portal de casa ya supone exponerse a lo desconocido.

Soledad incómoda

Algo que los hombres, por mucho que el 9% de los corredores digan que también han sufrido acoso, no pueden ni imaginar. Quizás la cifra que mejor refleja la diferencia de género sea el porcentaje de mujeres y hombres que salen a correr en compañía: 19% ellos y 41% ellas. Puede que sea porque les gusta más aprovechar estos momentos para ponerse al día con una amiga o con un amigo, pero mucho tendrá que ver la incomodidad de salir a trotar en solitario.

El estudio del RACC y Zurich ha analizado siete lugares de la capital catalana en los que es habitual encontrarse gente corriendo. El sitio más seguro, por su concurrencia, por los a lado y lado, es la Diagonal. Y luego, por idénticas razones, la Gran Via. Otro cantar es el efecto de la contaminación que entra en esos pulmones a pleno rendimiento. En el otro extremo, por solitario, por falto de luz, es la montaña de Montjuïc, uno de esos enclaves todavía por explotar en la ciudad. Pero también hay vulnerabilidad en el Paral·lel, la Ciutadella o en el frente marítimo. O en el parque natural de Collserola, donde el 75% de las mujeres no se sienten seguras.

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La opinión de ellas

El estudio recomienda al ayuntamiento diversificar más y mejor las actividades para que la no tenga zonas sin vida a determinadas horas del día, e insta a identificar e intervenir en zonas degradadas o abandonadas que puedan incrementar esta sensación de inseguridad. Una posible solución a todo ello, según señala el informe, sería «fomentar la incorporación de mujeres en la toma de decisiones y en la redacción de de planificación urbana».

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