El BCE convencido de que España tendrá problemas cuando reduzca las compras de deuda pública en abril

El BCE está muy preocupado por el impacto que puede tener para el final de las compras de emergencia de bonos en abril de 2022, debido al descontrol del déficit y la deuda públicos. Así lo aseguran fuentes conocedoras de la situación, que añaden que en Frankfurt tienen muy presente la crisis de deuda de 2012 que estuvo a punto de suponer la salida de nuestro país del euro.

Estas fuentes aseguran que la autoridad monetaria europea ha descartado por completo -salvo que la inflación no remita el próximo año, en contra de sus previsiones- una subida de tipos en 2022. De hecho, el mercado no la espera hasta 2023. Ahora bien, lo que se da por descontado es que no se prorrogará el Programa de Compras de Emergencia Pandémica (PEPP en inglés) cuando venza en marzo.

Aunque seguirá realizando compras netas de activos bajo su programa estándar (APP) a un ritmo mensual de 20.000 millones netos «durante tanto tiempo como sea necesario», este final supone una enorme reducción de las compras de bonos: ahora, el BCE está haciendo adquisiciones por valor de entre 60.000 y 70.000 millones mensuales, y ha llegado a 80.000.

La amenaza de una crisis de deuda

«En abril es cuando puede haber un problema serio con la deuda pública española, ya que ahora el está financiando su déficit gratis con las compras del BCE, y en Frankfurt están muy preocupados por ello, ya que temen una escalada de la prima de riesgo», señalan las fuentes.

La cuestión es que, si el BCE deja de comprar a todas las emisiones de deuda, como hace ahora, el Tesoro tendrá que colocarlas en el mercado. Y, en vista de los fuertes desequilibrios de nuestra y la negativa del Ejecutivo a tomar medidas para reducirlos, lo previsible es que los inversores exijan una prima de riesgo mucho más alta que la actual (75,2 puntos básicos frente al Bund alemán). Lo cual puede disparar los costes financieros del Estado, lo que agravaría aún más el déficit y podría acabar provocando una crisis de deuda.

Esta preocupación se traduce en las reiteradas peticiones por parte de los organismos europeos para que el Ejecutivo de Pedro Sánchez vuelva a la senda de estabilidad presupuestaria. Algo que no se contempla en los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año, que contienen grandes aumentos del gasto para contentar a sus socios parlamentarios mientras basan su estimación de ingresos en unas previsiones de crecimiento que no se van a cumplir.

Guindos pide un «plan creíble» al

El último aviso llegó ayer por parte del vicepresidente del BCE, Luis de Guindos: «Cualquier shock que tenga lugar en el ámbito financiero puede llevar a un replanteamiento del riesgo soberano, sobre todo en países vulnerables» (como España), que tendrán que anunciar «planes creíbles de política fiscal», aseguró en el XII Encuentro del Sector Financiero de KPMG.

Ahora bien, Guindos reconoció que los Gobiernos de estos países tienen que mantener el «delicado equilibrio entre la retirada de estímulos, la estabilidad presupuestaria y evitar que la recuperación se vea abortada». Pero, en todo caso, considera que deben tomar medidas para volver al equilibrio a medio plazo, cosa que no tiene ningún viso de ocurrir en España.

Lo que asusta al BCE es el recuerdo de la crisis de deuda de 2012, precisamente cuando Guindos era ministro de . Entonces, los desequilibrios heredados de Zapatero y, sobre todo, el agujero de las cajas de ahorros dispararon la prima de riesgo por encima de los 600 puntos básicos y pusieron a al borde de la expulsión de la Unión Monetaria, es decir, del euro.

Aquella crisis se solucionó con las famosísimas palabras de Mario Draghi, entonces presidente del BCE, «whatever it takes» (haré lo que haga falta) para defender el euro. Pero también precipitó el rescate financiero de para solucionar los problemas de las cajas, que conllevó la nacionalización de numerosas entidades y la creación de Sareb, el malo.

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