Actualizado Viernes,
26
noviembre
2021

14:18

La gigantesca tienda de ropa de Gran Vía se desmarca de los descuentos de este viernes: «Los tenemos todo el año»

Un hombre sostiene un cartel frente a la tienda de Primark
Un hombre sostiene un cartel frente a la tienda de Diego FernándezEfe

Los consumidores planean por la Gran Vía. A las 12 de la mañana parte de la población supuestamente activa pasa el viernes comprando. Es la mañana libre de los empleados de banca, los chavalillos que hacen la rata y los turistas, que se deslizan por la corriente de Fuencarral, Callao y Sol. En todos los escaparates hay referencias a los descuentos por el , letreros negros haciendo contraste con los colores de todos los días, excepto en la basílica azul con neones que redondean la P y la K. Las escaleras mecánicas alimentan de gente a Primark, sin descuentos en el día de los descuentos.

«Los tenemos todo el año», aclara Sara, una de las manager que accede a la sala de personal situada en la última planta. «Hoy no hay nada especial. No hacemos más descuento del que ya hay».

A las 11 los tacógrafos manuales que cuentan a los compradores se ponen a cero. Una mujer guarda jurado pulsa el botón. 818. A y 25 ya han entrado «819 de personas, más las 300 y algo que han cogido abajo, echa cuentas», sonríe con los ojos.

Roberto es turista. Viene de México. Tiene 50 años. Está haciendo cola en los probadores. «Estoy esperando a mi mujer», confirma. «El fue hace dos semanas en México. No lo aproveché y hoy voy a intentarlo». Por los brazos le escalan algunas bolsas, quizá sea un abrigo y puede que una bufanda lo que está a punto de tocar el suelo. «No estamos atentos a si hay más descuentos o no». A su lado, otros dos señores hacen guardia observando resignados las cortinas que no se mueven.

Slmen, de Pakistán, ha venido desde Toledo con dos amigos. A uno de ellos le hace una foto debajo del letrero Welcome to Gran Vía que da la bienvenida a este lupanar de lo asequible. «Hemos comprado para nosotros», se señala. Cargan con bolsas de papel cebadas por la ropa. Se intuye, de hecho, mucha ropa. No quieren decir cuánto se han gastado: «No hay tantos descuentos».

«Te crean la necesidad»

A pesar de las ofertas fantasmas, sigue congregando a todos los clientes potenciales y consumados del día. Una trabajadora de Médicos por el mundo, Elena, trata de hacer socio a alguno. «Eres el primero que se ha parado. La gente es muy antipática».

Más abajo, en el local de Zara, sí hay ambiente del que se verá en las televisiones. Gente apretujada, colas, prisas de los dependientes, alta demanda de probadores, en fin, el atrezzo de las rebajas, el nerviosismo que provoca la intención de gastar y estas navidades adelantadas, el ajetreo que calienta las manos.

María atiende en la puerta. Hay que intuir la sonrisa con la que saluda a los clientes. «Había gente haciendo cola desde las 9 de la mañana. Hemos abierto a las 10. Aquí en Gran Vía siempre tenemos público pero hoy viene más gente. Es especial. Es un día hecho para comprar. Te crean la necesidad», admite.

«Las cosas guais no tienen descuento». Sofía, de 20 años, sujeta un vaquero y otra prenda. «Me he gastado 60 euros. Es un capricho. También he aprovechado para hacer un regalo. Si buscas encuentras, pero hay mucho que buscar», dice antes de seguir avanzando hacia la caja.

15.000 euros de caja en Rayban

Detrás de las perchas, está la mujer de Saúl. Es colombiano, tiene 34 años y carga con los abrigos, con una bolsa, con «la paciencia». El Black Friday «es una campaña de marketing. Mira cómo está esto a las 12 de la mañana. Por la tarde habrá más gente». En busca «una chamarra para mí. Ella está mirando a ver si encuentra ofertas. Sólo hemos venido a hacer esta compra puntual».

Darío cuenta que en la tienda Rayban llevan una semana haciendo descuentos. Acaban este viernes. «Hemos hecho en la caja una media de 7.000 u 8.000 euros por día. Algunos días hemos alcanzado los 15.000″.

Por la calle Fuencarral, antes del bullicio, bajaban tres amigas. «Vamos a comprar online y de forma física», explican dos de ellas, Elena y Paula, de 18 años. Paula confiesa haber gastado 80 euros. Elena, 20. «Acabamos de empezar. También queremos comprar vuelos. Nos queremos ir a París en febrero».

Juan, de 54 años, ha venido con su mujer a pasar unos días en Madrid desde Mallorca. «Antes íbamos mucho más a Barcelona. Últimamente nos está gustando más Madrid». Está en la calle, en la puerta de Springfield. «Ella está mirando dentro. No vamos a gastar mucho», quiere autoconvencerse. Rápidamente cae en la cuenta de que será difícil. «Bueno, lo que surja, pero no por Black Friday, la verdad».

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