El surrealista mundo de Martin Kent, el transformista más rápido del mundo

Martin Kent es una persona como usted y como yo. Y también es, en una tarde, la Gioconda, Rose en Titanic, las monjas de Sister Act, Tina Turner, David Bowie, Freddy Mercury, Elton John, Lady Gaga, Edith Piaf, el novio de Frankenstein, la huérfana Annie, la niña del exorcista, un maestro de orquesta, una bailarina de seis piernas, una mujer siamesa… Como les decía, Martin Kent es alguien como usted y como yo, de profesión actor, que tiene algo que -aquí sí, discúlpenme-, no tenemos ni usted ni yo. Es el transformista más rápido del mundo -lo dice el Guinness, aunque a él esto le parezca una frikada— y su show El Transformimo acaba de aterrizar en Madrid, en el Teatro Maravillas (los domingos hasta finales de diciembre), para que, quien guste, vea con sus propios ojos, en vivo y en directo, cómo se produce esa magia de la mutación de un actor en 26 personajes distintos en sólo 90 minutos.

Recibe a EL MUNDO días antes del estreno con la cara lavada, risueño, nervioso y muy ilusionado por el que será su gran estreno en la capital. Ante un espejo imaginario, y a un ritmo vertiginoso, se ofrece a hacernos una pequeña demostración de lo que es su espectáculo, una mezcla entre el mimo, el clown y el transformismo antiguo que, no se confunda el lector, nada tiene que ver con disfrazarse de drag.

Mirando a las butacas, en apenas dos minutos se maquilla una máscara kabuki a base de polvos de arroz, labios rojos, ojos enmarcados en negro, pestañas postizas… Y en el tiempo que dura la charla, mientras no para de hablar -y de reír- va entrando en un personaje, y en otro y en otro… A cada cual más loco.

Martin Kent, ante su espejo imaginario.
Martin Kent, ante su espejo imaginario.JAVIER BARBANCHO

En el escenario hace lo propio detrás de un biombo semitransparente, para que el público sea testigo, por primera vez, de cómo Martin Kein es capaz de mudar de «un bebé muy dotado» a «una decrépita Edith Piaf» en cuestión de segundos o cómo de la cama de la niña del exorcista emerge una monja cantante. Todo en ese recorrido trepidante y surrealista por el mundo de la música, del y también por el imaginario de este actor hispano-argentino, que interpreta esos papeles con el único lenguaje del cuerpo.

«Son cambios rápidos, sin trucos. Voy como un ninja, a la velocidad de la luz», cuenta el artista sobre un show que le deja «muy al desnudo». «Primero saqué el espejo imaginario fuera. Ahora he sacado el camerino, que es compartir un momento que tenemos los artistas para nosotros, para maquillarnos, para estar tranquilos antes de actuar. ¡Ya sólo nos falta sacar el lavabo!», añade riendo.

Ser el más rápido es cuestión de práctica, dice, y también de experiencia y formación. Y de esto él tiene para dar y tomar. «A los cuatro años ya me disfrazaba y montaba cosas con mis hermanas, mis vecinos… Hacíamos teatro con las sábanas, que eran los telones». Con la influencia de pertenecer a una familia de artistas -su padre es cantante, su abuelo fue payaso, tiene tíos y primos actores…-, se decidió a estudiar arte dramático, que es «la base», sugiere, para hacer todo lo que hace.

Martin Kent como Elton John.
Martin Kent como Elton John.

De las discotecas de al mundo

Lleva media vida en España y su carrera arrancó en , con apenas 17 años. Allí recaló en unas vacaciones y allí se quedó. ¿Qué le dio la isla? «Mucha de la locura que tengo hoy». «Con 18 años ya estaba trabajando en Space, en Pacha, haciendo performance. Tuve la suerte de conocer a gente súper talentosa en las discotecas originales. Todo lo que hay ahora de performance en realidad no es nada nuevo, ya estaba en en los años 80. Y eso me impactó muchísimo. Fue una escuela muy grande», recuerda.

Después de una carrera que le ha llevado por Londres, Buenos Aires, Edimburgo o Ámsterdam, Martin Klen recala en Madrid con un que él mismo ha creado y donde no hay espacio para el descanso. «En los 90 minutos no abandona el escenario», desliza el director de la obra, Lucas Gil, atento a todos sus estresantes movimientos.

El artista, transformado en director de orquesta.
El artista, transformado en director de orquesta.

Mimo, payaso y transformista de la vieja escuela, en su showlas fantasías surrealistas, las parodias exageradas y el teatro del absurdo se mezclan con tintes del expresionista alemán y sobre todo, el slapstick, «un género que significa efecto, carcajada, aplauso», explica Kent. «Dicen que una de las tareas más difíciles que puede realizar un actor. Parece una tontería pero si no haces el efecto en el momento justo… Es como Scary Movie o Benny Hill, cosas que no tienen sentido pero que a la vez te mueres de risa», añade el artista.

Del mimo más grande a Clark Kent

Lo que es hoy, en parte, se lo debe al transformista Frankie Kein y los mimos Lindsay Kemp y Marcel Marceau. «Son mi fuente de inspiración más grande, aunque no hago absolutamente nada de lo que hacen o hacían ellos. De todos he bebido, viéndolos y conociéndolos». Especialmente de Marceau, el mimo más grande de la historia. «Cuando ya estaba muy mal en sus últimas actuaciones, lo veías sobre el escenario y se deslizaba como un hombre de 50 años. Y luego en el camerino era un hombre súper destrozado por los dolores. Me marcó muchísimo, para tenerlo siempre como ejemplo, en su humildad». De ellos, y de Clark Kent -ídolo de infancia-, dice, le viene su nombre artístico.

Martin Kent caracterizado como David Bowie en 'El Laberinto'.
Caracterizado como David Bowie en ‘El Laberinto’.

Después del desfile de personajes imposibles con el que nos deleita, con guiños incluso a El del Calamar, le preguntamos: pero… ¿todos estos personajes qué tienen que ver? «Absolutamente nada, es todo una incongruencia, pero Lucas Gil ha montado bloques entrelazados y, dentro de la locura que es, todo tiene relación».

Cuando acaba la insiste en hacerse una foto con nosotros, enmascarado aún en uno de sus personajes. Saca su teléfono y… «Jajaja, ¡no me reconoce el móvil!». Bendita locura.

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