Europa le debe un futuro a Ucrania

A punto de completar el primer mes de guerra en Ucrania, en Europa seguimos sin saber muy bien cómo responder, qué hacer, qué medidas tomar para parar la masacre que las tropas de Putin están infligiendo en la población ucraniana. Llevamos un mes viendo imágenes de bombas, explosiones, tiroteos, ciudades parecidas a las nuestras reducidas a escombros, con sus centros comerciales, (esos mismos a los que vamos nosotros el fin de semana con nuestros hijos), destruidos por las bombas. Gente que recoge lo que puede de sus casas, lo que entre en una sola maleta, antes de huir. Bocas de convertidas en refugios, las mismas bocas de metro, los mismos andenes, las mismas escaleras de acceso que pisamos nosotros en nuestras ciudades.

Y ahí estamos, anestesiándonos poco a poco con esta que parece no terminar

Y ahí estamos, anestesiándonos poco a poco con esta que parece no terminar, sin saber qué hacer y asumiendo que la Europa que conocemos, la que teníamos ahora mismo en proceso de transformación y mirando a un futuro más sostenible con esa Conferencia abierta en la Unión para recibir las propuestas de los ciudadanos, va a ser otra, no sabemos muy bien cuál, pero seguro que será otra.

Estábamos en pleno proceso de repensarnos cuando la nos estalló en las puertas de casa. En nuestros planes no entraba rearmarnos, la conversación, el debate, estaba en ver cómo afrontar la transformación digital, cómo dar respuesta de empleo a los más jóvenes, cómo afrontar el cambio climático o cómo fortalecer nuestros sistemas de en caso de una nueva y desconocida epidemia. Y ahora, efectivamente, hablamos de tener una fuerza de reacción rápida europea, de armar una especie de ejército europeo por lo que pueda pasar. Así que no, no estábamos pensando en dedicar más presupuesto a defensa, al revés, queríamos hablar de sostenibilidad, de energías renovables, de movilidad urbana, cuando de repente nos hemos dado cuenta de que todo eso no es viable si no hay paz.

Lo de Ucrania ha vuelto a sacudir los cimientos de esa vida tranquila y sin sobresaltos que seguimos persiguiendo sin saber muy bien por qué

Lo de Ucrania ha vuelto a sacudir los cimientos de esa vida tranquila y sin sobresaltos que seguimos persiguiendo sin saber muy bien por qué. La añoramos con la pandemia y la rozamos con la yema de los dedos cuando ómicron empezó a descender. Pero de nuevo, la realidad nos ha dado de bruces en nuestra acomodada vida para recordarnos que nada es como lo imaginamos, que nada es como lo planeamos. Que se lo digan a los 3 millones y medio de ucranianos que han salido de sus casas, que no saben qué harán mañana, de qué vivirán, cómo alimentarán a sus hijos y si, algún día, podrán recuperar su vida.

Hace un par de semanas les hablaba de Vladislava, hermana de Andrei Kovalenko, jugador de la selección española de rugby y ucraniano. Su hermana no ha podido salir de Kiev, estaba a punto de dar a luz. Pues bien, el bebé nació la noche del martes. Un bebé precioso, que duerme en medio del ruido de las sirenas. Europa le debe un futuro a ese recién nacido, le debe un futuro a Ucrania.

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