Juanjo Guarnido: «El público del cómic es fiel, apasionado, pero muy minoritario»

La final

Juanjo Guarnido muestra la última entrega de 'Blacksad' en la tienda de cómic 'Nostromo' de Sevilla.
Juanjo Guarnido muestra la última entrega de ‘Blacksad’ en la tienda de cómic ‘Nostromo’ de Sevilla.GOGO LOBATO

Juanjo Guarnido. Granada, 1967. Desde pequeño, lo suyo era el dibujo. Estudió Bellas Artes, estuvo diez años haciendo películas en los estudios Disney de y lleva algo más de dos décadas entregado al aclamado comic ‘Blacksad’. Ahora, llega la nueva entrega de la serie.

La serie ‘Blacksad’ acumula premios, ¿cuál es el secreto?
No tengo ni idea. Todo el mundo busca ese secreto, como la piedra filosofal. En nuestro caso, hay trabajo honesto y apasionado. También cariño por nuestros personajes y respeto por el lector, al que le damos el cómic que a nosotros nos gustaría leer. Es un producto que, a pesar de estar destinado al gran público o ser mainstream, como se dice ahora, o comercial, como se le llamaba antes peyorativamente, tiene una cierta exigencia. Puede hacer reflexionar al público.
¿Cómo son sus seguidores?
Llevo en esto más de 20 años, junto al guionista Juan Díaz Canales. El público en España es más joven que en Francia, cuya media puede ser de 40 o 50 años. Hace unos años, tuve una sensación pesimista sobre el mercado y creí que el público joven cada vez leía menos tebeos, pero últimamente, por suerte, tengo la sensación contraria.
¿Cómo fue trabajar con Disney?
Fue una experiencia estupenda que me trajo a París, donde sigo. Fueron diez años, dando lo mejor de mí en aquella fábrica de sueños que fue. Aparte de dar de mí, recibí mucho aprendizaje. Sentí que estaba heredando personalmente de los más grandes artistas del medio.
Aquello era ¿artesano o industrial?
Era un estudio muy grande en el que estábamos casi 200 personas cerca de París. Era un ambiente de trabajo artístico muy artesano. No se trabajaba en 3D, sino en papel y con lápices. En la animación tradicional, unos hacían la pintura del fondo, otros animan los efectos especiales, el fuego, el humo… es un trabajo muy especializado.
Dejó su sello en la película Tarzán. ¿En alguna más?
Sí, en muchas más. Empecé con Goofy e hijo, Enchanted [Encantada, en España], Mickey y su celebro en apuros, el Jorobado de Notredame, Hércules, Atlantis, El libro de la selva 2
¿Por qué se marchó de Disney?
El estudio cerró porque Disney se orientó más hacia la animación en 3D generada por ordenador. A mí, cuando empezaba el 3D, me fascinó, pero después de muchos años de oficio en la animación tradicional, me di cuenta de que la técnica para animar en 3D está demasiado alejada del dibujo. Los problemas que tienes que resolver son casi como de marionetista, más que dibujante. Y a mí, lo que me motiva es el dibujo.
Estudió Bellas Artes.
Sí, soy de la primera promoción de la Facultad de Granada. Desde pequeño, me gustaba dibujar. Los recuerdos más lejanos que tengo son todos dibujando.
¿Qué dibujaba de niño?
Los personajes de Walt Disney, mis juguetes… Pronto empecé a hacer mis propios tebeos. Hasta los grapaba y les ponía el de 1,75 pesetas.
¿Y los vendía a sus amigos?
Eran ejemplares únicos. No me traía mucha cuenta. Alguna vez, vendí alguno, con la hoja doblada, pero era un modelo económico con poco futuro. [Risas].
¿En hay más tradición de cómic que en España?
Culturalmente, está más arraigado tanto en como en Bélgica. Allí, los tebeos forman parte del patrimonio familiar, que se hereda de padres a hijos.
Aquí no se ve ese amor por el tebeo.
No es tan mayoritario. Los franceses también se quejan de que el tebeo no tiene la atención mediática que merece, que es la oveja negra de la industria y muchos intelectuales piensan que es una cosa para niños, a pesar de que hay gran variedad de géneros y estilos. En España, el mercado es diez veces más pequeño. Pero el público español es apasionado, fiel, pero muy minoritario.
¿Y el manga?
Lleva mucho tiempo de moda. Tiene la piel muy dura. Se pone de moda, cae algo y vuelve muy fuerte. Hay obras maestras del manga, pero la gran producción es un producto de consumo y esa es su naturaleza en el mismo Japón. En la medida en que le da empuje económico a los editores europeos, beneficia luego al resto de autores.
¿Qué aconseja a los que empiezan?
Esto es muy difícil. A los jóvenes, se les exhibe la zanahoria y parece que es fácil vivir de esto, pero no es así. Es como un engañabobos por el ‘glamour’ del dibujo y la actividad artística. Los jóvenes deberían saber que requiere un esfuerzo al que las nuevas generaciones quizá no están acostumbradas en absoluto. Se lo tienen que tomar con mucha seriedad y mucha prudencia.

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