Haga cumbre en el Yelmo de La Pedriza «de la manera más elegante posible: trepando»


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Actualizado Sábado,
13
noviembre
2021

01:50

Una manera ideal de probar la escalada en adherencia, que es la que se practica en el granito: hay que «pegarse» a la roca usando las puntas de los pies

Trepando por la fisura del segundo tramo de la Vía Valentina del Yelmo de La Pedriza
Trepando por la fisura del segundo tramo de la Vía Valentina del Yelmo de La PedrizaMichael Helsing

¿Qué madrileño que se precie no ha paseado entre sus esculturas de roca o se ha bañado (cuando estaba permitido) en su Charca Verde? La Pedriza es uno de los escenarios naturales preferidos de los aficionados a los deportes de montaña, y un espacio único en la Ibérica por sus peculiares características geológicas, que le han valido la denominación de Sitio Natural de Interés Nacional. Y es que la erosión y el tiempo han moldeado desde la era Paleozoica el relieve de esta vertiente sur de la Sierra de Guadarrama, dando lugar a peñas, riscos, crestas y bloques de granito de variadas y curiosas formas, convirtiéndola en un museo al aire libre.

En lenguaje técnico a esta formación de origen magmático de La Pedriza se la conoce como batolito, y a sus caprichosas formas pilancones, marmitas, taffonis, alveolos, balmas, domos… convertidos popularmente y por obra de la imaginación en El Pájaro, El Elefantito, La Maza, La Esfinge o la Vela, por citar algunas de sus rocas más conocidas, aunque la más emblemática es la Peña del Yelmo (1.717 metros). Un domo similar al casco que llevaban los caballeros medievales que se eleva 150 metros en su cara sur, una pared prácticamente lisa llena de vías de escalada, y cuya cima se va a convertir en el objetivo de nuestra escapada, a la que ascenderemos, en palabras de nuestro guía, Luis Torija, «de la manera más elegante posible: trepando».

Aunque no estoy muy convencida de conseguir la elegancia reptando cual lagartija, Luis me convence para subir a la mítica mole por su espolón suroeste, por la famosa Vía Valentina (llamada así porque por ahí subía a sus clientes uno de los primeros guías de La Pedriza, Valentín Parra). Una manera ideal de probar la escalada en adherencia, que es la que se practica en el granito: hay que «pegarse» a la roca usando las puntas de los pies y los dedos de las manos buscando apoyos y agarres en fisuras o protuberancias de la roca (a veces mínimos) que nos permitan progresar. Aunque para esta trepada no es necesario tener conocimientos técnicos, sí tendremos que hacer una regresión a la infancia y jugar a desplazarnos con manos y pies -«hay que tener agilidad y no tener vértigo», dice Luis- y ¡ojo!, es muy recomendable ir con un guía que nos asegure, porque un resbalón puede acabar en una caída grave.

Prohibido usar zapatillas

Para llegar a los pies del impresionante bloque tenemos que hacer un trekking de unos cinco kilómetros y 600 metros de desnivel (1h30’/2h según el ritmo). Hay varios senderos de subida (cuidado que es fácil perderse), nosotros tomamos uno de los más directos, el que sale desde El Tranco por un camino pegado al Casa Julián. En el parking, Luis nos proporciona el equipo necesario: casco, arnés y pies de gato (no son imprescindibles, se pueden llevar unas zapatillas de trekking con suela de buen agarre -nunca zapatillas de deporte de suela lisa- o de aproximación, con la puntera reforzada y suela adherente).

Comenzamos a ganar altura hasta llegar a la Gran Cañada, una enorme pradera con vistas a Manzanares el Real y su embalse; desde aquí sigue a la izquierda el camino hasta llegar al Collado de la Encina, desde donde ya avistamos la barriga del domo. Unos metros más y llegamos a la Pradera del Yelmo. La Valentina está a la izquierda. Nos encordamos y nos disponemos a afrontar la trepada: el primer tramo es el más vertical y difícil. Hay que subir metiendo el pie izquierdo en una fisura y agarrando con la mano el borde de la roca. A unos 8 metros se acaba la grieta y tenemos que movernos a una placa a la derecha para superar un saliente y llegar a zona segura.

Esto es lo más complicado, después seguimos ascendiendo por la arista incluso caminando erguidos. Llegamos a la cima del Yelmo, contemplamos las maravillosas vistas de todo el Parque de la Cuenca Alta del Manzanares y descendemos por el mismo sitio. En la mochila nuestra primera incursión en el vertical.

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