El gas se dispara y el petróleo supera los 100 dólares tras el inicio de la guerra en Ucrania

Los mercados energéticos responden al peor escenario posible, con consecuencias imprevisibles: la de por parte de Rusia. El gas natural, un combustible en el que la depende en gran medida del gigante euroasiático para su suministro, se dispara un 30% hasta rozar los 115 euros por megavatio hora, su nivel más alto desde diciembre y siete veces más de lo que costaba hace un año. El barril de Brent —el de referencia en Europa— pulveriza por su parte la barrera de los 100 dólares por primera vez en ocho años y amenaza con prolongar la brutal escalada reciente de la gasolina y el diésel.

El nivel de dureza de la nueva ronda de económicas que Bruselas prepara para tratar de ahogar económicamente al Kremlin será clave para calibrar hasta dónde puede llegar la crecida de precios de las materias primas energéticas. Aunque el presidente ruso, Vladímir Putin, se ha comprometido en varias ocasiones a no cerrar el grifo del gas o del crudo —un movimiento que, además, no podría permitirse de un día para otro en un momento en el que el gasto militar está disparado—, su credibilidad está bajo mínimos tras el ataque por tierra y aire sobre su país vecino. Y los inversores reaccionan en consecuencia.

“Todo depende de cómo respondan Europa y Estados Unidos”, apunta Hans van Cleef, economista sénior del banco holandés ABN Amro, en declaraciones a Bloomberg. “¿Impondrán o no sobre los sectores petrolero y gasista?”, se pregunta.

Algo más del 40% del crudo que consume el bloque comunitario proviene de Rusia, según los datos de Eurostat, una cifra que ronda el 25% en el caso del gas natural. Sin embargo, esa foto fija general esconde amplias diferencias entre Estados miembros: mientras en Alemania y en otros países de Europa Central las dos terceras de ese combustible proceden de Rusia, en la dependencia apenas llega al 10%. Lo mismo ocurre con el petróleo: Alemania compra a cerca de la tercera parte de lo que requiere y en esa cifra apenas llega al 5%. Un problema adicional es que, además, las reservas estratégicas de gas en la Unión están en mínimos de más de una década.

El Ejecutivo comunitario trabaja estos días en planes de contingencia para tratar de buscar fuentes alternativas de suministro de combustibles. En ese esfuerzo se enmarcan, por ejemplo, las conversaciones con EE UU, con Qatar o con Noruega para aumentar el volumen de gas que se trae por barco, una cantidad que ha aumentado exponencialmente desde el inicio de la crisis energética. La UE, según subrayó el lunes la comisaria europea de Energía, Kadri Simson, está “preparada incluso para el peor escenario”. La situación, dijo durante una visita a Madrid, “está bastante cubierta” para el tramo final del invierno.

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El encarecimiento del y del gas tiene consecuencias catastróficas sobre la inflación en el Viejo Continente. Tanto por la subida de precio de los carburantes de automoción —que ya estaban en máximos desde bastante antes de que el crudo perforase la barrera de los 100 dólares por barril—, como por el aumento de precio de los combustibles de calefacción y de la electricidad, ambos en gran medida dependientes de lo que ocurre en el mercado de gas natural.

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