Inexportable descaro de Urkullu

Desde hace ya algunos años, se si estudian con detenimiento las cuentas que tienen que ver con la aportación de la comunidad autónoma vasca al Estado, se puede concluir con justeza que es más el dinero que pone el resto de que lo que el aporta a la caja común.

La foralidad fiscal sabemos que es una reminiscencia histórica con ribetes feudales. Un privilegio que hunde sus raíces en tiempos pasados, más bien, muy pasados, y sobre ese cupo excepcional en territorio europeo, los autoconsiderados “progres vascos” (sic) que tantos las pían, resulta que están en clara superioridad en relación con el resto de los territorios del Estado que no gozan de tal privilegio.

Hace ya bastante años, una vez que se produjo el ingreso de en la Unión Europea, desde Bruselas se viene alertando sobre esa “excepcionalidad fiscal” y la necesidad -si es que de verdad la quiere ir caminando hacia una armonización justa e igualitaria- de encontrar soluciones que vayan laminando la misma.

Lejos de tal cosa, año a año, ejercicio a ejercicio, resulta que se camina en dirección contraria a lo que se subraya desde Bruselas. Gracias a los fueros fiscales, el cuenta con importantes contribuyentes que residen en otras zonas de España, especialmente conocidos algunos deportistas de élite que se han residenciado en ese pequeño territorio del norte de España.

Pues bien, cuando tiene demostrado que la solidaridad les importa tanto como media higa, cuando a estas alturas han demostrado que sólo les importan sus tres provincias vascas, viene el señor lendakari a intentar poner en cuestión el régimen de la Comunidad Autónoma de Madrid que no goza precisamente de ningún elemento de favoritismo fiscal. Comprendo la indignación ante tamaño dislate del nacionalista vasco; esa indignación, me consta, no sólo se ha encendido en la Puerta del Sol. También entre dirigentes socialistas adversarios de la señora Díaz Ayuso.

La foralidad fiscal algún día tendrá que dejar de ser tabú por estos lares. Y la tiene que jugar un rol decisivo al respecto. Ya sabemos que los nacionalistas tratan de encontrar argumentos para su sostenimiento en base a discursos históricos que sólo les sirve cuando se trata de gozar de privilegios económicos y de otra índole. Para otras cosas, la Historia se la reinventan. Para inventarse una que nunca existió salvo en la calenturienta mente de Sabino Arana.

Urkullu, trabajo inútil, tendría que pedir disculpas por el ataque a la comunidad que más aporta a la caja común. Como no se atreve, podría, al menos, pedir para Madrid y el resto de los territorios españoles el mismo trato fiscal del que él goza.

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