Israel entorpece al máximo el progreso en la negociación nuclear con Irán

Las negociaciones sobre el restablecimiento del acuerdo nuclear con Irán que en 2015 firmó Barack Obama y que Donald Trump canceló en 2018 están viviendo sus momentos de mayor intensidad en Viena, según han informado en los últimos días responsables occidentales, rusos, chinos e iraníes.

El principal escollo es la dificultad que encuentra EEUU para «verificar» y «garantizar» que el acuerdo se mantendrá y se respetará en el futuro, una demanda de Teherán comprensible si se tiene en cuenta la repentina ruptura unilateral de Trump en connivencia con Israel. El obstáculo no está resultando fácil de soslayar dado que una hipotética administración republicana podría imitar a Trump.

En una situación tan sensible, ha despachado a Viena a una delegación cuya tarea consiste en entorpecer al máximo el acuerdo, o abortarlo si es posible. El viaje es consistente con las declaraciones públicas de los responsables israelíes que rechazan cualquier clase de entente que resuelva un conflicto que les proporciona orondos dividendos militares, políticos y económicos en sus relaciones con los países del golfo Pérsico.

La delegación que el martes llegó a Viena está presidida por Joshua Zarka, subdirector de Asuntos Estratégicos del ministerio de Exteriores, quien se reunió con Mikhail Ulyanov, representante del en las negociaciones con Irán. Tras el encuentro, las dos partes emitieron comentarios superficiales y convencionales sin entrar en el meollo de la cuestión.

Independientemente de lo que ocurra en Austria, se reserva el «derecho» a atacar a Irán

La intensa agenda de la delegación de Tel Aviv constó de numerosas reuniones, incluida al menos una con funcionarios estadounidenses. La tradicional posición de ha sido ratificada por el primer ministro Naftalí Bennett, y no solo insiste en su frontal oposición a la renovación del acuerdo sino que recalca el «derecho» del estado judío a atacar a Irán en cualquier momento salga lo que salga de los encuentros en Austria.

Los medios hebreos indican que la inusual decisión de mandar a Viena a una delegación obedece al sentido de urgencia que apremia a tras los comentarios de varias delegaciones apuntando a que existe una creciente posibilidad de que el acuerdo se restablezca pronto. Lógicamente, en Teherán criticaron esa «inesperada presencia de los sionistas en Viena» con la intención de dificultar el progreso en las negociaciones.

El ministro de Exteriores Hossein Amir-Abdollahian considera que los países occidentales implicados en las discusiones están «perdiendo tiempo» y que un acuerdo podría alcanzarse pronto si americanos y europeos garantizan la seriedad de los compromisos. En realidad, quien tiene la última palabra es Washington, donde la influencia israelí es notoria.

«Preocupación» desde Estados Unidos

El negociador estadounidense Robert Malley y el enviado del Consejo para la Seguridad Nacional Brett McGurk expresaron la semana pasada su «preocupación» porque Irán esté a solo unas «semanas» de disponer de suficiente material para fabricar armas nucleares. Pero este tipo de declaraciones se explican en el marco de las negociaciones, y podrían constituir una señal de que Washington se aproxima a la toma de decisiones.

Aunque está ansiosa por llegar a un acuerdo, para Teherán es imprescindible lograr «garantías» de que las sanciones no se reimpondrán en el futuro. Se trata de una cuestión capital puesto que de otra manera el levantamiento de sanciones no surtiría un efecto económico y político significativo ya que los países occidentales se lo pensarían dos veces antes de hacer negocios con Irán.

El secretario general del Consejo Supremo para la Seguridad Nacional, Ali Shamkhani, insistió esta semana en que las «garantías» y la «verificación» en el levantamiento de las sanciones es una condición primordial en este «estadio crítico». «Un levantamiento realista de las sanciones significa que se defiendan los intereses económicos de Irán a largo plazo«, subrayó.

La cuestión central es si con la administración demócrata de Joe Biden puede seguir imponiendo la agenda de discusiones de Viena. Bennett y otros altos responsables de Tel Aviv mantienen relaciones periódicas con responsables republicanos, y es evidente que si hay un acuerdo en Viena, los israelíes intentarán desbaratarlo en la primera oportunidad que se les presente como hicieron en 2018.

Una de las condiciones decisivas a favor de es el monopolio de la capacidad nuclear en Oriente Próximo

En la actualidad se dan tres condiciones decisivas a favor de Israel. La primera es su manifiesta superioridad militar que le garantiza EEUU. La segunda, el monopolio de la capacidad nuclear en Oriente Próximo. Y la tercera, su indiscutible hegemonía diplomática y política que está creando una nueva realidad en el vasto territorio que va desde el golfo Pérsico al océano Atlántico pasando por el norte de África.

En existen dos corrientes aparentemente distintas pero que cuando llega el momento de la acción apenas se distinguen. Una de ellas percibe a Irán como una «amenaza existencial» y está representada por Benjamín Netanyahu y Bennett, y otra, representada por laborista Ehud Barak y el derechista Moshe Yaalon, ve a Irán solo como una «amenaza estratégica» a la que Israel puede hacer frente de muchas maneras. Aunque teóricamente estas dos visiones son antagónicas, sus planteamientos no varían cuando están en el poder.

La política de «presión máxima» defendida por y aplicada a través de Trump sigue estando vigente de facto con la administración demócrata, a pesar de que su único efecto ha sido destruir la iraní y causar un enorme daño a la población civil. Sin embargo, la «presión máxima» y las sanciones subsiguientes no han logrado que Teherán abdique del programa nuclear como prometieron Netanyahu y Trump; al contrario, lo han impulsado más.

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