Fuel prices are seen at a Galp petrol station in Ronda, Spain, November 29, 2021. REUTERS/Jon Nazca
Fuel prices are seen at a Galp petrol station in Ronda, Spain, November 29, 2021. REUTERS/Jon NazcaJON NAZCA (Reuters)
La escalada de los precios en este final de año no para.

El IPC en la zona euro ha subido hasta el 4,9% en noviembre, según Eurostat. Es la cifra más alta en la serie histórica de la oficina europea de estadísticas, que arranca en 1997. Esta subida estaba anunciada. Analistas y bancos centrales lo habían advertido. Pero no por eso es menos sorprendente ver la inflación en unos niveles que Europa no conocía en varias décadas.

En países como Alemania, con una opinión pública y política siempre sensible a los movimientos de los precios, el salto ha sido en un solo mes de 1,4 puntos al llegar su IPC anual al 6%. se sitúa en algo más del 7%, y le superan los tres países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia). España, por su parte, se queda en el 5,6%. Los únicos países de la zona euro en los que podría hablarse de una inflación contenida son Francia (3,4%) y Portugal (2,7%).

Que el incremento sea esperado no acalla las voces de quienes piden al Banco Central Europeo (BCE) que empiece a retirar los estímulos económicos para enfilar la proa hacia la contención de los precios. Este mismo martes, unas horas antes de que se hayan divulgado los datos de Eurostat, lo hacía el gobernador del banco central esloveno en una entrevista con la edición europea de Politico. Aunque por ahora los máximos responsables del BCE se mantienen firmes en las decisiones anunciadas para los próximos meses: “Dejamos claro que comenzaremos a subir los tipos poco después de haber finalizado nuestras compras netas de activos. Confío en que esas compras netas continuarán durante el próximo año”, ha explicado, también este martes, Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, al diario económico francés Les Echos.

El cambio en la política monetaria expansiva que ha mantenido el BCE en los últimos tiempos podría enfriar la economía, justo en un momento en que las incertidumbres se han disparado con la aparición de una nueva variante de la -19 sobre la que se sabe muy poco. Entre lo que no se conoce de esta mutación del virus está la eficacia de las vacunas. “Sabemos que las vacunas actuales son eficaces hasta ahora, no lo sabemos [todavía] con Omicron”, ha declarado esta mañana la presidenta de la Agencia Europea del Medicamento, Emer Cooke. Esta nueva incógnita, en consecuencia, complica mucho más el objetivo de alcanzar una política económica que mantenga los estímulos para consolidar una recuperación económica vigorosa e incierta a la vez y que intente contener unos precios desbocados en los últimos meses.

Para saber si el campo para tomar decisiones se ensancha en el futuro cercano, se tendrá que despejar la incógnita de cuánto tiempo van a mantenerse los precios a esta altura. Los bancos centrales siguen apostando a que la subida es coyuntural y que entrado 2022 la inflación perderá fuelle, aunque también han empezado a admitir que el aumento del IPC es más vigoroso de lo que esperaban en principio.

Detrás de este aumento está los sospechosos habituales de los últimos meses: electricidad y hidrocarburos. En una palabra, la energía,. Solo en el último año, los precios de este epígrafe han aumentado en algo más del 27,4%. Este nivel se sitúa muy por encima de otros productos básicos de la cesta de la compra, como los productos de comida frescos (1,9%) o la comida procesada 2,6%.

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