Polonia arranca en Madrid a la ultraderecha europea un compromiso de mínimos frente a Rusia

El líder de Vox, Santiago Abascal, a la izquierda, junto al primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, a su salida de la cumbre ultra celebrada en Madrid.
El líder de Vox, Santiago Abascal, a la izquierda, junto al primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, a su salida de la cumbre ultra celebrada en Madrid.Fernando Sánchez — Europa Press

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, ha conseguido que los líderes de la ultraderecha europea reunidos este sábado en Madrid señalen a Rusia como responsable del riesgo de guerra en el Este de Europa. En el comunicado final de la cumbre de la que ha sido anfitrión el líder de Vox, Santiago Abascal, se señala expresamente al al afirmar que “las acciones militares de Rusia en la frontera oriental de Europa nos han conducido al borde de una guerra”. “La solidaridad, la determinación y la cooperación en materia de defensa entre las naciones de Europa son necesarias ante tales amenazas” agrega el comunicado, que aprovecha para cargar contra Bruselas, su gran enemigo, constatando “la ineficacia de la diplomacia de la UE” en esta crisis y pidiendo que las naciones europeas “trabajen solidariamente ante la amenaza de agresiones externas”.

Los representantes de la docena de partidos reunidos en Madrid, desde populistas identitarios a ultraconservadores xenófobos, todos con representación en el Parlamento Europeo, no tenían previsto abordar la amenaza rusa sobre Ucrania, pero, “tras una profunda discusión”, el jefe del Gobierno polaco ha arrancado un compromiso de mínimos a sus socios, por el que se ha mostrado “muy agradecido”. “Todos nuestros amigos son conscientes de que Rusia amenaza la soberanía e integridad territorial de los estados”, ha dicho Morawiecki a la salida de la reunión. Abascal, a su lado, ha evitado responder a la pregunta de si es una amenaza para la seguridad de la y se ha remitido al comunicado final de la cumbre.

El más conciliador con Rusia ha sido el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, quien ha subrayado la necesidad de poner todas las energías en la búsqueda de “la desescalada y la negociación”, para revertir la actual crisis. Orbán, que el día 1 tiene previsto reunirse con el presidente ruso, Vladimir Putin, no ha querido culpar a Rusia de la escalada de tensión, alegando que se trata de “una cuestión militar muy complicada que nadie conoce exactamente”. Eso sí, ha advertido en contra de “un acuerdo sobre la seguridad de Europa entre Rusia y Estados Unidos sin participación de los europeos”.

Frente a la única frase que alude a Rusia, el comunicado final se explaya en atacar al proyecto europeo, al que acusa de querer convertir la un “mega Estado ideologizado”, que “desprecia la identidad y la soberanía nacional”, se aleja “de los ideales cristianos” y pone en riesgo “la supervivencia de la propia civilización occidental”. La ultraderecha europea cierra filas con los gobiernos de Polonia y Hungría, a los que la Comisión Europea ha abierto expediente por hostigar a la comunidad LGTBI y socavar la independencia judicial; y reclama la primacía de las constituciones y leyes nacionales sobre el derecho de la Unión, lo que ataca uno de los fundamentos de la UE.

En lo que no ha habido acuerdo es en avanzar hacia la constitución de un único grupo de extrema derecha en el Parlamento Europeo y acabar con su actual dispersión: los polacos de y Justicia, Hermanos de Italia y Vox en el grupo ultraconservador (ECR); la Liga italiana y el Reagrupamiento Nacional francés (ex Frente Nacional) en Identidad y Democracia (ID); y los húngaros de Fidesz con los no adscritos. El comunicado final solo alude a la creación de una “oficina de coordinación” para aunar posturas en la Eurocámara, mientras que Morawiecki ha subrayado que lo importante en compartir valores y medidas concretas, “los cambios organizativos vendrán después”.

La líder francesa Marine Le Pen, que se enfrenta en 70 días a la primera vuelta de las elecciones al Elíseo, se ha mostrado más preocupada por la fuga de sus fieles a la candidatura del también ultraderechista Éric Zemmour, empezando por su propia sobrina Marion Maréchal-Le Pen, y ha denunciado la deslealtad de quienes trabajan dentro de su grupo en favor de su rival. “Los que se quieran ir que se vayan, pero que se vayan ahora”, ha declarado con visible irritación.

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Aprovechar la inmigración irregular

En la intervención con la que ha abierto y cerrado la reunión, Abascal no ha hecho ninguna referencia a la crisis con Rusia y ha subrayado que la inmigración irregular “es un vehículo extraordinario” para que los partidos reunidos en Madrid (de Austria, Bélgica, Holanda, Bulgaria, Rumania, Francia, Italia, Estonia, Lituania y España) hagan llegar su mensaje a los ciudadanos. El líder de Vox ha llamado a las fuerzas de la ultraderecha europea a “aprovechar la oportunidad” que les brinda la llegada de para “desenmascarar” el supuesto pacto “entre la extrema izquierda y la poderosa élite globalista”.

Vox no ha permitido el acceso de cámaras al salón donde se celebraba la reunión, por lo que solo se conocen las imágenes difundidas por el partido, que ha alegado para ello las restricciones impuestas por la covid. Paradójicamente, casi ninguno de las varias decenas de asistentes la una reunión celebrada en el interior de un local llevaba mascarilla. Además, Vox ha vuelto a impedir el acceso a la rueda de prensa para dar cuenta de los resultados de la cumbre a los periodistas de EL PAÍS, la Cadena SER y otros medios de comunicación que no considera afines, a pesar de que la mayor parte de la financiación del partido procede de subvenciones del Estado. Incluso un guardia de seguridad de Vox ha intentado expulsar al periodista de EL PAÍS del hall del hotel de cinco estrellas donde se desarrollaba la cumbre, pese a tratarse de un local abierto al público.

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