Jacques Audiard vuelve a reinventarse en una pletórica reapertura del Festival de Sevilla

Actualizado Viernes,
5
noviembre
2021

20:22

‘París, distrito 13’, del director francés, inaugura el certamen del cine europeo que vuelve a ser totalmente presencial tras el paréntesis de la pandemia

El director de la cinta 'París, distrito 13', Jaques Audiard, y los actores Jehnny Beth y Makita Samba posan el viernes en la presentación de la película en el Festival de Sevilla.
El director de la cinta ‘París, distrito 13’, Jaques Audiard, y los actores Jehnny Beth y Makita Samba posan el viernes en la presentación de la en el Festival de Sevilla.Raúl CaroEFE

Cuenta Jacques Audiard que lo primero que le llamó la atención tras acercarse a aquéllos que ni por edad ni por asomo son como él (por jóvenes) es su relación diametralmente distinta, e incluso opuesta, con el discurso amoroso. «Mi generación», razona, «ha utilizado y utiliza la palabra como acto de seducción, como herramienta para la consecución del deseo. Ahora, sin embargo, el deseo es lo primero. Y luego empieza la conversación». Digamos que ésta es una de las posibles, que no única, enseñanzas de su último trabajo. ‘París, distrito 13’ es una esencialmente vitalista tomada literalmente al asalto por gente que no cumple los 30; gente que primero, con perdón, se follan al espectador y luego le hablan de amor. Y de ahí la sorpresa y, por momento, el estupor.

Como ya es regla en la filmografía del director de ‘Un profeta’, se podría decir que su nueva se revuelve con radicalidad y alevosía contra la cinta anterior. Si ‘Los hermanos Sisters’ (2018) era un ‘western‘ sobre los accidentes de la masculinidad en territorio hostil, esta vez se trata de una elegía a la mujer en, de nuevo, territorio comanche. Ni el contenido ni el continente, ni la superficie ni el fondo, coinciden en una y otra producción. Y, sin embargo, la vitalidad de cada plano delata la mano de un director convencido de su capacidad y rigor para la narración enfebrecida, para el deseo hecho verbo, para el verbo convertido en simple acto de amor. Y así.

París, distrito 13‘ ya fue presentada en la pasada edición de Cannes y ahora lo hace en Sevilla con el convencimiento de ser una de su tiempo y, apurando, contra su tiempo. Rodada en un blanco y negro cálido y se diría que tan desordenado como el corazón de los personajes, y sobre un guión preciso y sabio firmado además de por el director por las también directoras Céline Sciamma y Léa Mysius, la cinta sigue el rastro a cuatro jóvenes parisinos que durante un momento de la serán amantes, luego amigos y casi siempre todo a la vez. Eso sí, primero hacen el amor y luego se explican. Se trata, por dar todas las claves, de una adaptación libre de los cómics de Adrian Tomine.

Audiard sigue fiel a sí mismo siempre empeñado en convertir el escenario de sus historias en espacio orgánico, táctil y hasta con el aroma de los allí residentes. ‘Un profeta’ olía a cárcel; ‘De latir, mi corazón se ha parado‘, a fracaso, Dheepan a gasolina y sangre quemadas, y ‘París, disctrito 13’ desprende un perfume profundo y por momentos incómodo a noches de insomnio, sudor de sábanas empapadas en sexo y angustia por un futuro de la misma tonalidad gris que la propia película. La estrategia siempre es convencer al espectador de que la que contempla vive en el instante preciso de su proyección. El cine de Audiard respira su más íntima incertidumbre.

Los actores debutantes Noémie Merlant, Lucie Zhang, Makita Samba y Jehnny Beth dan vida con un desparpajo desusado a un profesor desengañado, a una teleoperadoa desengañada, a una actriz porno de internet desengañada y a una agente inmobiliaria desengañada. Cualquiera de los citados puede cambiar de profesión y de amor en cualquier fotograma de la película, pero su desencanto sigue intacto. La puede ser tomada por un retrato generacional de los que a fecha de hoy sólo pueden pagarse piso en durante unos pocos días de borrachera en una ciudad extranjera, lo que hace que no puedan hacerlo en la suya propia, reservada como está para los Airbnb. Y así.

Sin embargo, no es una cinta manifiesto. «Por un momento», comenta el director, «sientes que estás tratando los temas sociales como si fueran las casillas de un formulario: emigración, empleo precario, multiculturalidad… Imagino que no puedes evitarlo. Pero la idea no es reivindicar nada sino dejar que los protagonistas de la se reivindiquen a través de cada una de sus dificultades que son su medio de vida».

Audiard consigue meterse en la piel de sus personajes, vengan de donde vengan, para acertar a dotar de aliento y vida a un barrio, una ciudad, un planeta entero. Cada especificidad del distrito de Les Olympiades (así se titula la cinta en francés) se antoja arquetipo, modelo y estructura de todo y de todos nosotros. Independientemente si hablemos de amor antes o después del sexo. Brillante inauguración, enérgica vuelta a la vida.

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