John Cleese: «La corrección política es en gran medida un malentendido»

Actualizado Miércoles,
10
noviembre
2021

01:32

El actor y director británico que más ha hecho por la difusión del humor debidamente negro y absurdo reaparece como anciano venerable en la infantil ‘Clifford, el gran rojo’ para revindicar la gracia únicamente atenta «a la emoción pura»

El actor John Cleese.
El actor John Cleese.Andrew Matthews

Cada uno es libre de recordar a John Cleese (Somerset, 1939) como quiera. Como el torpe, estirado y demencial abogado de Un pez llamado Wanda, como el asistente de Q en un momento especialmente discutible de la saga Bond, como el director de hotel más extravagantemente enmoquetado que ha visto la tele en Fawlty Towers, como sólo Dios sabe quién en La vida de Brian, o, mucho mejor, como el inolvidable ministro de los paseos absurdos (The Ministry of Silly Walks). Pero no hay forma de recordarlo sin que se escape una carcajada. Espontánea, feliz y completamente absurda.

Dentro de poco, el 3 de diciembre, el recupera intacto al más british de los no tan británicos Monty Python en un nuevo personaje para el recuerdo. Su papel en la familiar Clifford, el gran rojo, según el libro de Norman Bridwell a vueltas con la virtud de ser diferente (además de rojo y gigante), es el de un mago que, en verdad, sólo puede ser John Cleese. «Es curioso que siempre he tenido buena mano para hacer reír a los niños. Un crío acepta mal una broma que lleve consigo un comentario social o político, pero reacciona instintivamente a la emoción más pura», dice, se toma un segundo y sigue: «Recuerdo que Fawlty Towers, que era una muy adulta, a quien gustaba de verdad era a los más pequeños porque la serie se reía de los que trataban de impresionar a los demás con sus estupideces. Era básicamente muy simple».

Pese a ello, pese a su reivindicación de la sencillez, que no sólo simpleza, Cleese no puede por menos que recordar el momento amargo de ver cómo precisamente un capítulo de la mítica Fawlty Towers llegó a ser censurado en 2020 por la BBC. La cadena lo consideró racista. Luego volvió a reponerlo con una nota en la que declinaba toda responsabilidad sobre lo que allí se veía. «Claro, la responsabilidad era mía y del sentido del humor. No discuto que obraran con buena intención», recuerda, «pero está claro que no han entendido nada. Y eso es grave. Buena parte de las bromas que se han hecho siempre tienen que ver con imperfecciones porque básicamente el ser humano es un ser imperfecto. Sinceramente, creo que la corrección política es en gran medida un malentendido».

Para Cleese el sentido del humor es básicamente una cuestión de contexto. De entender que la literalidad nunca existe como tal. Que lo literal nace de una circunstancia que hace que nada sea literal. «Ni la muerte», apunta. «El problema es ver lo que nos ocurre sin perspectiva. Eso nos limita. Entiendo la necesidad de ser amable con el prójimo, pero no hasta el punto de tratar a los demás como nadie quiere ser tratado. Es decir, como tonto. Creo que vivimos en una sociedad más tolerante, pero más infeliz».

En su discurso, el actor que ha mantenido quizá la carrera más sostenida de sus compañeros de Monty Python una vez acabado Monty Python no oculta una indisimulada melancolía. «Tuve la suerte de trabajar en televisión en los años 60 y 70 en cuando los programas de la BBC estaban protegidos de las fuerzas del mercado y los productores operaban sin sensación de miedo. Ahora, con un mercado más grande, todo es más burdo. Nadie se preocupa de algo tan intangible y poco mensurable como la calidad. De hecho, creo que si hablaras a la gente que trabaja, por ejemplo, para Rupert Murdoch sobre la calidad, no sabrían de qué les hablas. Ellos saben de audiencia, de clicks, pero ¿cómo mides la gracia de un buen chiste? Hemos perdido algo y el reto es recuperarlo». En efecto, lo importante es recordar, recordar a un John Cleese que no se acaba nunca.

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