vende la energía verde por encima de cualquier otra cosa. Pero, lo cierto, es que, por ahora, ya ha cosechado hasta una reprimenda sonora de Bruselas por haber provocado que energías verdes españolas quedasen fuera del mix energético nacional para dar entrada a térmica francesa. La ministra estrella de Sánchez en esta materia es Teresa Ribera. Y la gurú de la ministra es una catedrática de Energía, Natalia Fabra, que, a su vez, es consejera de Enagás, el principal transportista de gas natural y el gestor técnico del sistema gasista.

Natalia Fabra tiene, de este modo, acceso a distintos departamentos del Gobierno: tiene hilo directo con la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño; y es hija del ex presidente de Red Eléctrica Española, Jorge Fabra.

Fabra también tiene relación directa y capacidad de influir en las decisiones que toma la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera. Tiene asiento en el Foro de la Sostenibilidad que lidera Ribera.

Natalia Fabra tiene un buen currículum: es catedrática en el Departamento de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid. Obtuvo su doctorado en Economía en 2001 en el European University Institute (Florencia). Trabaja en el área de la Organización Industrial, centrada en el estudio de la economía de la energía y el medioambiente, así como en temas relacionados con la regulación y la política de defensa de la competencia.

Natalia Fabra fue galardonada en 2014 con el XIII Premio Sabadell-Herrero por su trayectoria de investigación en el campo de la economía industrial, y con el premio Julián Marías a la investigación científica en las áreas de Humanidades y Ciencias Sociales. Fabra es, igualmente, investigadora asociada al Centre for Economic Policy Research (CEPR), editora asociada del Journal of Industrial Economics, y editora de RePEc’s New Economic Papers en el área de Regulación.

Nadie podrá poner en duda que su formación no avala los cargos acumulados. Pero el sector no ha dejado de arquear las cejas al ver que una persona que se sienta en el consejo de Enagás, disfruta de hilo directo también con Teresa Ribera y Calviño. Y con Ribera, precisamente, en el Foro de la Sostenibilidad: el sanedrín del que salen las decisiones de descarbonizar la producción de energía.

De hecho, la propia web de Enagás recoge las distintas funciones de Fabra. Es consejera “independiente” de la gasista y, además, mantiene las siguientes “responsabilidades profesionales”:

Desde 2020, “miembro, Consejo Asesor de Asuntos Económicos, Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital”. También, desde 2020, “miembro, Foro para la Transición Energética Justa e Inclusiva, Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico”. Desde 2013, “miembro, Economic Advisory Group, DG-COMP, European Commission”. Y desde 2021, “vicepresidenta, Asociación Española de Economía, Parlamento Vasco”.

Consejo de administración de Enagás.

Lo cierto es que la reforma -de ida y vuelta- de la  de  y su ministra Teresa Ribera ya ha costado varios choques con Bruselas. Y uno de ellos, por la energía verde: la UE abroncó en octubre al Gobierno español por sacar adelante una norma que rompía una de las políticas europeas por excelencia: el apoyo a las renovables. Y es que la norma inicial de Sánchez fue capaz de expulsar a las renovables españolas más baratas para forzar a comprar energía térmica francesa y hasta carbón de Marruecos.

La Comisión Europea regañó, efectivamente, al Gobierno por la reforma de la impulsada por la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. Y el motivo no fue otro que el Real Decreto que establecía un pseudo impuesto a las renovables más baratas de cerca de 110 euros/MWh. El resultado de ese punto fue directamente el de sacar de las subastas de energía a las centrales con menos costes del sistema.

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