Cumplidos los 2.000 días de retraso en la esperada reforma de la Rambla, la gran pregunta se mantiene en el aire: ¿Cuántos más habrá que aguardar mientras se sigue degradando? Ni la presión unánime de todos los grupos municipales de la oposición este martes en la comisión de Urbanismo ha podido arrancar al equipo de gobierno de Colau un calendario claro de inicio de obras para el icónimo eje, ni una reserva de fondos específica. La teniente de alcalde Janet Sanz ha dejado la pelota en el tejado de ERC, al que reclama apoyo para sacar adelante los presupuestos, como paso previo necesario para poder afrontar unos trabajos que está previsto duren siete años. Pero llueven los reproches a este planteamiento, teniendo en cuenta que el consistorio sí ha programado a partir de marzo –y dotado financieramente– la millonaria y también retrasada reforma de la Via Laietana.

El marcador electrónico que instalaron los Amics de la Rambla sigue sumando –con vergüenza– una demora que ya resulta difícil de justificar. En la pasada comisión de septiembre se aludió a unos informes preceptivos (del Ministerio de Defensa) pendientes de verde, con cuestiones menores como una reserva de plazas de aparcamiento de la Comandancia Naval, que ya estarían casi resueltas. «En las próximas semanas llegarán los informes por los que hubo que suspender la tramitación de la tramitación definitiva» del proyecto ejecutivo, ha dicho Sanz a la prensa poco antes de la reunión. Pero ya ha avanzado que para contemplarla y poderla encajar en lo que queda de mandato será necesario el apoyo de Esquerra en sus cuentas. Los propios comerciantes creen que se trata de una nueva «excusa» porque para el gobierno de Colau «nunca ha sido un tema prioritario», dice su presidente, Fermín Villar.

Al cumplirse los 2.000 días de espera, el grupo republicano ha presentado una proposición para urgir la reforma y un calendario claro que incluyera el inicio de obras este 2022. La medida ha contado con el voto favorable unánime, incluso de los Comuns, pero Sanz ha insistido en no agendarla sin el apoyo de estos. Un bucle que ha sorprendido al resto de partidos. Junts per Catalunya ha puesto el dedo en la llaga al subrayar que los presupuestos no incluyan explícitamente una partida para la Rambla, ni tan siquiera una reserva que certifique la voluntad política de actuar. «Ponen la excusa de informes menores», ha dicho Jordi Martí.

Pugna y acusaciones

Desde ERC, Jordi Coronas ha ido a la yugular al señalar que la Rambla es un ejemplo más de «no gobierno» de Colau, que ha propiciado su rechazo a los presupuestos que se votarán inicialmente este miércoles en comisión de Economía y Hacienda de mañana miércoles, como ya avanzó el lunes. «Le pedimos que se comprometa», ha dicho acusando a los Comuns de «trilerismo«, e insistiendo en que no avalarán inicialmente las cuentas locales. «Habiendo consenso, el retraso es injustificable y la reforma es compatible con la reactivación económica y comercial» de la zona, han apuntado desde el PP. Desde Ciutadans han lamentado que incluso ya se desdibuje el supuesto horizonte de 2030 para el final de obras.

Y así, un suma y sigue de reproches que la primera teniente de alcalde de Urbanismo ha replicado asegurando que su partido «ha liderado» el proyecto de reforma, y que cuenta con recursos para llevarlo a cabo. «Tenemos dinero, no hay que elegir entre una u otra cosa», ha insistido, recalcando que en cuento llegue el famoso informe de Defensa presentarán el proyecto final para la aprobación definitiva, pero antes «ha de haber presupuestos».

La actitud del equipo de gobierno ha enervado a los Amics de la Rambla, que lamentan que a estas alturas aún no se les haya dado respuestas sobre las innumerables alegaciones que presentaron de cara al documento final, donde incidían en detalles diversos, como garantizar la salida por la Rambla de un párking afectado, entre otros. El colectivo insiste también en reducir a tres las fases de obra, cada una de 18 meses, hasta un total de 54 meses, en lugar de dilatarla tanto.

La que sí tiene claro su futuro es la Via Laietana, cuya reforma comenzará en primavera, al haber sido aprobados inicialmente el anteproyecto general y el proyecto del primer tramo con el respaldo en este caso de ERC y el voto contrario del resto de la oposición por diversos aspectos de la intervención. Dentro de esa primera fase, que irá de la plaza de Urquinaona a la de Antoni Maura, se trabajará en la renovación del subsuelo a partir de marzo, para iniciar en junio propiamente las obras, que tendrán un coste inicial de 16,8 millones de euros. Cuando se complete toda la reforma, se alcanzarán los 32,9 millones.

El ayuntamiento ha señalado que al iniciarse los trabajos en las redes de servicios, se mantendrán dos carriles de bajada en toda la vía –uno de bus y uno de vehículos–; y de subida los buses se desviarán hacia el paseo de Picasso y los vehículos podrán llegar hasta la altura de la plaza de Antoni Maura. Los comerciantes, que tanto clamaron por esta transformación, están satisfechos con el trazado final.

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La vía tendrá un carril bici de subida lateral segregado y de bajada los ciclistas compartirán carril con el bus, las aceras tendrán continuidad y alcanzarán los cuatro metros –ahora tienen entre 2,6 y 3,5 metros–, mientras que solo habrá tráfico privado de bajada con un carril limitado a 30 kilómetros por hora, y de subida habrá un carril para buses y tráfico local para vecinos de Via Laietana y la Barceloneta.

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