La Filosofía, esa asignatura que muchos quieren quitarse de en medio. La utilidad que tiene es tan basta que recoge todas las disciplinas y nosotros aún nos preguntamos si es necesario impartirla. Me gustaría responder a la pregunta sobre ¿por qué decidí estudiar Filosofía? Y sí, digo decidí porque en la enseñanza obligatoria se pasa corriendo sobre sus campos y vamos tan rápido que pisamos las flores que nos brinda su aprendizaje antes de pararnos a recoger alguna, olerla, tocarla y realmente entenderla. 

La curiosidad siempre fue mi fuerte, o mi debilidad, no sé muy bien si en esta sociedad está bien vista ya que nos enseñan a no salirnos de la línea, a pisar por las huellas que otros dejaron y así asegurar unos pasos, un camino no temerario. Yo decidí ahondar en esa materia porque quién pisa pisadas nunca deja huella. 

Para ese dilema en el que uno siempre se encuentra en algún momento: vivir para trabajar o trabajar para vivir,  la Filosofía tiene respuesta. Ella apuesta por la persona antes que por el trabajador, por asentar una cabeza sólida antes de construir sobre ella una especialización. Nos alerta de que esas voces que te empujan a seguir por una senda u otra son ajenas y la inercia es seguir a ciegas unas decisiones que no has tomado y que, por ello, probablemente te guiarán a un futuro desdichado.

 La Filosofía tiene ramas infinitas, enseña de tantas maneras que siempre encontrarás tu camino en ellas y, al igual que quién sabe muchas lenguas, conocer sus distintas disciplinas nos permite pensar de múltiples  maneras y encontrar soluciones para  resolver los problemas que quien no sabe salirse de la regla nunca encuentra.

 Es un juego que ahonda en lo cotidiano y desde esas raíces de lo mundano llega a cuestiones trascendentales por las que el ser humano siempre se ha preguntado, que nos unen con nuestro pasado y que aguardando la esencia humana nos permiten desarrollar nuestras aptitudes para ser seres avanzados.

 La Filosofía es ese juego que tiene como tablero el pensamiento, sus reglas no son limitantes sino que expanden nuestros engranajes, nos enseñan a mover las piezas para defender nuestras  ideas, escuchar y entender las ajenas, saber construir la solución menos imperfecta.

 Por todo esto, entendemos que tienen razones suficientes para no quererte, Filosofía. Esta sociedad no busca inteligencia porque manipular siempre ha sido más sencillo con gente necia. Que se aprenda a pensar y a juzgar críticamente es algo que no interesa cuando se quieren  guiar los pasos de la gente hacia los fines que a otros  interesan.

 Laura Pons Muñoz es estudiante de Filosofía

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