• Conchita Martínez ha tranquilizado a la hispanovenezolana, le ha aportado ese plan B que tantas veces faltaba tener cuando las cosas no iban bien y le ha dado recursos para exprimir su inmenso potencial

  • “Suena muy bien eso de ser la maestra del tenis. No hay mejor sensación que tener mi nombre en la historia”, declaró la jugadora

‘¡Wow!, ¡lo he conseguido. Es mío!”, gritó Garbiñe Muguruza mientras se dejaba caer sobre la rosa pista del estadio Akron de Guadalajara, llorando, con las manos tapándose los ojos, tras proclamarse como la nueva maestra del tenis femenino mundial ganando en la final a la estoniaAnett Kontaveit por 6-3 y 7-5.

“Suena muy bien eso de ser la maestra del tenis. No hay mejor sensación que tener mi nombre en la historia”, decía tras recibir el trofeo que lleva el nombre de la estadounidense Billie Jean King, la mujer que creó el torneo en 1972 y que se lo entregó en la pista, junto a sus compatriotas y leyendas del tenis femenino mundial, Chris Evert, que lo ganó por primera vez hace ya 50 y Martina Navratilova, que tiene el récord con ocho títulos.

Seis años después de haber sido número 1 mundial y de haber ganado Roland Garros (2016) y Wimbledon (2017), Muguruza ha vuelto a la cima para levantar “el trofeo de los trofeos”, a 1.566 metros de altitud sobre el nivel del mar, en Guadalajara, donde la hispanovenezolana, nacida en Caracas hace 28 años, aseguraba que se sentía como en su casa por el cariño de su gente y la afición que la ha apoyado desde que llegó al torneo.

Momentos complicados

Y no ha sido fácil el camino hasta “levantar un trofeo tan grande como pueda serlo un Grand Slam”. No lo ha sido durante la semana en México, ni los últimos años en el circuito. El torneo no empezó bien. Muguruza se estrenó con una derrota ante la checa Karolina Pliskova por 6-4, 2-6, 7-6 (8), tuvo que remontar un set también a la checa Barbora Krejcikova (2-6, 6-3, 6-4) y ganar a Kontaveit (6-4, 6-4), para pasar a semifinales y vencer a Paula Badosa (6-3, 6-3), en un duelo histórico para el tenis español, con toda la presión y tensión que suponía ese partido.

“Empecé con mal pie, pero le di la vuelta a todo. Por momentos me vi fuera, pero me dije que si me pasaba lo haría dando el máximo en la pista”, admitía con orgullo. Para conseguirlo, Muguruza dejó la corona de reina en el vestuario y se enfundó el mono de trabajo en la pista.

La mano de Conchita

Esa actitud es la que también le ha permitido volver a la élite. Y lo agradecía a todo su equipo “por soportarme en los malos momentos”. Entre ellos, Conchita Martínez, su entrenadora, que ya le ayudó a ganar Wimbledon y la ha sabido acompañar en los años complicados cuando los resultados no eran los mejores.

La excampeona de Wimbledon la ha tranquilizado, le ha aportado ese plan B que tantas veces faltaba tener a Muguruza cuando las cosas no iban bien. Le ha dado recursos para exprimir el potencial de una tenista que apuntaba a número 1 mundial y a marcar una época en el circuito. “Siento que estoy en el mejor momento de mi carrera, por experiencia, calma y solidez. Soy feliz”, reconocía aliviada tras conseguir el título y superar a Arantxa Sánchez, finalista en 1993. Ya es maestra «por una vez en la vida», como también lo son en el circuito masculino Manuel Orantes (1976) y Àlex Corretja (1998).

Número 3 mundial

El triunfo permite a Muguruza acabar la temporada como número 3 mundial con 5.585 puntos tras la australiana Ashleigth Barty (1), con 7.582 y la bielorrusa Aryna Sabalenka (2), con 6.380. La misma posición con la que la hispanovenezolana quedó al final de 2015. Un éxito que compartirá con Paula Badosa que se estrena en el club de las mejores en octava posición.

Hacía 21 años que no había dos tenistas españolas en el ‘top ten’, desde que Arantxa Sánchez y Conchita Martínez lo lograron por primera vez en 1989 y estuvieron durante nueve años hasta la última vez en el 2000, protagonizando la mejor época del tenis femenino español hasta el momento. Ahora Muguruza y Badosa pueden tener la oportunidad de marcar también otra gran época.

Tras ganar las Akron ATP Finals, Muguruza vuelve a sentirse capaz de todo. “Títulos así son por los que somos tenistas y que me hacen ser ambiciosa. Quedan títulos grandes que son los que me motivan”, recalcaba la hispanovenezolana ya pensando nuevos retos como el Abierto de Australia, donde en 2020 quedó finalista, o ese Abierto de que se le ha atragantado tantas veces.

Un año duro y estresante

Pero eso será otra historia para el 2022. “Este año ha sido estresante, muy largo, muy duro, por el Covid, las lesiones, por todo y ahora solo pienso en celebrarlo con un tequila y una buena fiesta”, decía.

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Muguruza tiene claras sus intenciones en las próximas semanas. “Me veréis un tiempo en la tumbona”, anunciaba dispuesta a descansar del esfuerzo y desaparecer de la escena pública. Tras el esfuerzo toca tiempo para el descanso, hacer sin que la reconozcan o escalar el Kilimanjaro, como hizo un par de años cuando estaba más agobiada para intentar hacer un ‘reset’ en su vida.

Muguruza necesita esa vida fuera del tenis que tanto le apasiona, alejarse de los compromisos de los patrocinadores, de esa pasarela de estrella, por las que tanto le gusta moverse y, que a veces, se han interpuesto para conseguir más éxitos. Pero desde el miércoles 17 de noviembre de 2021 ya nadie le quitará ser la primera maestra española del tenis mundial.

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