En las unidades antidisturbios de la Nacional dan por sentado que las tanquetas, como se ha venido denominando estos días al blindado BMR desplegado en las calles de por la huelga del metal, ya son historia. Han asumido que no volverán utilizarlas, al menos con este Gobierno. Advierten de que prescindir de las citadas tanquetas supone dejar de lado un elemento de protección clave para ciertos tipos de actuaciones: aquellas en las que se usan, por ejemplo, tirachinas con bolas metálicas capaces de perforar la puerta de un furgón -pero no el blindaje de la tanqueta-. Un tipo de arma cada vez más usada por los manifestantes y que ya no es exclusiva de protestas de corte industrial.

Los tirachinas caseros son un arma demoledora en las calles. Así viene siendo desde hace décadas, cuando comenzaron a ser utilizados en las protestas de los mineros asturianos, en las de los astilleros vascos y gaditanos o en las de cualquier sector de alta combatividad callejera. La munición puede cambiar de forma (tuercas, rodamientos, piezas de vías de ferrocarril), pero siempre son de metales duros. El impacto que provocan es capaz de perforar escudos policiales y hasta el chasis de furgones. Lo que más preocupa a las fuerzas del orden es el hecho de que esas armas se vayan generalizando, cada vez más, en protestas de corte antisistema. Y en las separatistas, donde ya las han sufrido.

Heridos en

Lo saben bien los agentes que estuvieron desplegados en con motivo de la sentencia condenatoria a los presos del procès. En Barcelona, explican, al menos tres de sus compañeros sufrieron el impacto de uno de estos proyectiles lanzados con tirachinas.

Uno de ellos viajaba en un furgón de la UIP cuya puerta atravesó la pieza de metal. Le alcanzó la pierna «y por poco no se la revienta», asegura a OKDIARIO un agente que lo vivió en primera persona. A otro le ocurrió parecido, pero en su caso se traspasó el casco.

Impactos en furgones de y Mossos.

«La potencia de lanzamiento es tan brutal que, con cierta pericia, el proyectil alcanza velocidades casi de bala», explican. De ahí que el uso de furgones en ciertos sitios, donde se sabe que los manifestantes portan este tipo de lanzadores, se hace inviable por motivos de propia seguridad de los agentes.

Y es precisamente en esos escenarios, explican, donde las mal llamadas tanquetas, blindados BMR cedidos a las UIP por parte del Ejército de Tierra, juegan un papel fundamental.

La tanqueta es esencial

Los BMR fueron dados de baja por su escaso blindaje para las misiones militares de las Fuerzas Armadas en zonas hostiles. Su protección inferior era insuficiente, por ejemplo, para que sus ocupantes no sufrieran los efectos de las IED (artefactos explosivos improvisados) que tanto talibanes afganos como yihadistas libaneses colocaron al paso de las patrullas españolas. Para cortar el aumento de bajas, el Ministerio de Defensa adquirió los blindados RG-31, mucho más eficaces que estos BMR, y los dio paulatinamente de baja.

Sin embargo, el escenario de Afganistán dista mucho del que la Antidisturbios puede encontrarse en Cádiz, Barcelona o Bilbao. Ahí, su blindaje es más que suficiente para poder adentrarse en zonas de alta conflictividad y despejar barricadas. Para ello lleva equipada una pala a modo quitanieves en su parte frontal. Su nivel de protección es eficaz hasta para un disparo con un Kalashnikov o hasta un lanzagranadas RPG, por lo que una tuerca o una bola metálica lanzada con un tirachinas no supone problema alguno.

Al perder la posibilidad de utilizar estas tanquetas, como ya son conocidos estos blindados, los policías se quedan más expuestos a que sus intervenciones puedan registrar heridos en sus propias filas. Y a los policías, explican, les queda esa sensación después de la retirada del BMR de Cádiz, previa petición de la vicepresidenta , que vienen tiempos difíciles para ellos. La reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana viene a confirmarlo.

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