• Un corto viaje durante el puente de diciembre a una de las zonas vitivinícolas más importantes del mundo, donde reencontrarse con lo viejo y ponerse al día de lo nuevo

Estos días, el paisaje de La Rioja está hecho de variaciones del ocre, como si lo bañaran los colores antiguos. Son las viñas ya sin apenas hojas, en su robusta desnudez, dejando a la vista lo elemental. Es ahora cuando es posible calibrar el poder de la cepa.

Tras la vendimia, el ciclo recomienza y se puede leer el calendario en la evolución de la planta, que irá vistiéndose.

En esta ruta, grandes restaurantes, grandes bodegas y grandes hoteles con un prestigio más allá de las fronteras, que son permeables con el y la Rioja alavesa. No queda claro si una botella contiene tiempo o paisaje o porciones de ambos.

Los últimos en llegar

En Haro, en una calle peatonal que parte de la plaza de San Martín, el restaurante Nublo, la alianza de Miguel Caño, Dani Lasa y Llorenç Sagarra, los tres ex Mugaritz, ubicado en un edificio del siglo XVI. Piedra e historia para una culinaria de otro tiempo que es este: horno de leña, parrilla y cocina económica.

Lo elemental requiere de grandes complejidades: solo es una falda de cordero con pimientos de cristal pero en la boca aparece la alfombra mágica. Abrieron en julio y el asombro es lo rápido y bien que se han entrelazado con los clientes.

Comparto mesa con Andreas Kubach, director general de Bideona, la última bodega en llegar a la Rioja alavesa: acabaron a tiempo las obras para la vendimia del 2021. Anteriormente lo habían hecho bajo una carpa. Pruebo esos vinos a la intemperie con nombres jeroglíficos en representación de pueblos, y qué buenos: L4GD4, V1BN4 y L3Z4.

 

El subsuelo de Haro

El barrio de la Estación de Haro es un lugar donde podrían habitar los gusanos de arena de ‘Dune’ porque alberga impresionantes cavidades. Son los calados, túneles construidos en el siglo XIX en los que almacenan toneles y botellas al amparo de beneficiosas temperaturas y oscuridades y que se pueden visitar si el turista es capaz de sobreponerse a la impresión de que obreros con picos fueron quienes se abrieron paso en la roca.

El tren de Haro trajo a los franceses decimonónicos ahuyentados por la filoxera y con ellos la industria del vino: compraban y trasladaban toneles, si bien algunos también plantaron los bigotes en La Rioja.

En las cercanías de la instalación ferroviaria, los aristócratas: R. López de Heredia Viña Tondonia, Cune, Gómez Cruzado, La Rioja Alta, Viña Pomal Bodegas Bilbaínas, Muga y Roda.

Este año, por primera vez, la Asociación de Bodegas del Barrio de la Estación, con seis de las siete citadas, ha encendido luces de Navidad. Siempre que se beba hay que saber encontrar el camino de regreso.

 

Los hoteles rupturistas

En Villabuena de Álava, la misma población en la que se encuentra Bideona, el Hotel Viura,con nombre de uva, un hotel que quiebra el ‘skyline’ de una población con menos de 300 habitantes. Cubos apilados, algunos torcidos, en extraña y desconcertante conversación con la Iglesia de San Andrés, del siglo XVI.

Desde el aire parece un amontonamiento, como si a un niño se le hubieran caído las piezas del juego de construcción. En el interior, recogimiento, madera y hormigón y tal vez demasiados elementos para agobio de las personas que tienen que limpiar.

En Samaniego, a siete minutos en coche, el Palacio de Samaniego, adquirido por la familia Rothschild, apellido con armiño, en ese retorno sin fin de los franceses a estas tierras. Lujo, claridad y muchos jarrones de cristal y un restaurante, Tierra y Vino, algo desajustado, con el tartar de vaca, yema y tupinambo como mejor plato.

Los apellidos famosos siguen con Frank O. Gerhy, arquitecto del Hotel Marqués de Riscal, en Elciego, que es como si al Muñeco de Hojalata le hubiera tocado la lotería y fichado a una súper estrella para que le diseñara un palacio. También podría ser una nave extraterrestre en busca de combustible y tintos memorables.

Estrellas en la cocina

Daroca de Rioja, que no llega a 50 habitantes, tiene un restaurante con una estrella Michelin, la Venta Moncalvillo, de los hermanos Ignacio y Carlos Echapresto, singularidad de récord. Caben más personas en el restaurante que en el pueblo. La resistencia es su divisa, pero no desde el sufrimiento, sino desde el convencimiento. La Luna influye en los menús: Luna Creciente y Luna Llena. Vivan los lunáticos.

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En Ezcaray, los Paniego y, siempre en la memoria, Marisa Sánchez, que fue la matriarca y hacedora de recetas con tanta influencia como la croqueta, celebrada como una de las mejores de aquí a Ganímedes, y la merluza rebozada.

Echaurren es un hotel, con una de las mejores camas que se puedan encontrar; El Portal de Echaurren, con dos estrellas, y Echaurren Tradición, donde son eternos los guisos de Marisa. Es Francis Paniego el responsable de que la llama siga alta y su hermano Chefe, de que las botellas sean destapadas con la merecida reverencia que antecede a la alegría.

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