Marta Ortega: la doctora que vive en una campeona de pádel… y viceversa

Entre gatas y

Actualizado Jueves,
2
diciembre
2021

01:52

En 2019 alcanzó el número uno del pádel mundial, dos años después se estaba graduando en Medicina

Marta Ortega posa en el Club David Lloyd de Aravaca.
Marta Ortega posa en el Club David Lloyd de Aravaca.

La llaman Martita pero se escribe doctora Ortega. Ella es la versión más amable, tenaz y sonriente de Jekyill y Mr. Hyde al representar una dualidad casi imposible de ver en el deporte profesional. Mientras Martita es una de las jugadoras más importantes del pádel mundial -sexta en el ránking actual de World Padel Tour (WPT)-, la doctora Ortega luce orgullosa su título en Medicina desde mayo de este año y ya estudia un máster en Medicina Estética -«ahora mismo era inviable preparar el MIR con lo exigente que es, pero el posgrado me permite no perder la dinámica de seguir formándome»-. En el extraño caso de Martita y la doctora Ortega no existe un lado malo.

Marta Ortega -no confundir con Marta Ortega, su doble de Inditex- (Madrid, 1997) nació por y es «una eterna Peter Pan», quizá por eso usar su diminutivo sea como acompañarla a Nunca Jamás. Martita cogió una pala de pádel con seis años -a competir comenzó con 10- y no la soltó hasta ser la jugadora más joven en alcanzar el número uno mundial (2019). Desde entonces no ha salido de la élite, y lo que le queda. A la doctora Ortega su abuelo le regaló una bata cuando todavía era un renacuajo, y no se la quitó hasta graduarse. Las dos versiones de la madrileña comparten la exigencia y el sacrificio de dos mundos competitivos.

Combinar una carrera en el deporte profesional con la vida universitaria suena tan complicado como pinta. Ortega es el botón de muestra para comprobar cómo 24 horas pueden quedarse cortas: clase, hospital, entrenamiento, estudio… «Lo peor era el cansancio acumulado», apunta antes de rememorar una jornada tipo: «De ocho a tres estaba en el hospital, me recogían mis padres -por cómo lo cuenta, sus padres recuerdan a un conductor de atracos, siempre esperando con el coche en marcha, a la hora convenida y en el lugar preciso-, me cambiaba en el coche, a las 15.30 empezaba a entrenar (gimnasio, pista…) para poder acabar y estudiar a partir de las ocho, que tenía que preparar exámenes». Aunque canse leerlo, por cómo lo cuenta ella recuerda esa doble vida con cierta nostalgia, echando de menos la con ella misma… «Aunque sigo siendo de llenarme el día con cosas», confiesa riendo alguien para quien la adrenalina del esfuerzo parece su forma de estar.

Es consciente de que el pádel ha transitado por el prejuicio elitista, un extremo que se ha ido degradando hasta perder la coletilla de deporte pijo. «Quizá tuvo esa etiqueta porque en sus inicios las pistas estaban en clubes sociales», admite Martita. Una época tan pretérita como artificial, como ella misma apostilla: «El pádel es muy cotidiano; es un deporte muy asequible al que juega todo tipo de gente».

Esta temporada ha vuelto a competir junto a Beatriz González, de 20 años recién cumplidos, a la que ayudó el curso pasado a ser la jugadora más joven en ganar un torneo WPT. Bea y Martita, así se conocen, son la pareja más joven del circuito profesional, y se escapa a la lógica de los años que Ortega, a la que la precocidad ha perseguido durante toda su vida, sea, con 24 años, la veterana del equipo. «Estamos empezando a encontrar nuestras combinaciones de jugadas y el objetivo es que se vea un bloque más que dos jugadoras buenas que juegan juntas», analiza la padelis…, la padeler… En fin, la jugadora de pádel. Queda una cita para cerrar la temporada de pádel, el Master Final. El torneo de maestras enfrenta este mes a las ocho mejores parejas. Puede ser la primera vez desde 2016 que termine el año sin levantar ningún título WPT -en noviembre consiguió para el Mundial por equipos-, pero es consciente de que en el deporte «convive el éxtasis cuando ganas y la frustración cuando pierdes». La la conoce -no podía ser de otra forma-: «Echarle horas y cabeza».

Es Martita Ortega, la que lo mismo te gana un punto con una bajada de pared que te recita todas las enzimas celulares del cuerpo.

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