Más de 700 personas viven en locales abandonados en la Barcelona ‘progresista’ de Ada Colau

En la Barcelona progresista de Ada Colau más de 700 personas viven en locales y naves abandonadas okupadas sin condiciones de habitabilidad. Y el Ayuntamiento de es consciente de ello ya que, como la Generalitat, dispone de un listado elaborado por los d’Esquadra que sitúa en un mapa todos esos espacios en los que conviven varias familias vulnerables. En uno de esos inmuebles, en el número 20 de la Plaza Tetuán de Barcelona, este martes murieron calcinados cuatro miembros de una misma familia.

Tras seis años al frente del consistorio, pese a haber usado la lucha contra los desahucios como trampolín político, Ada Colau no ha hecho nada para frenar estas okupaciones que cada vez son más en toda la . La mayoría se concentran en oficinas bancarias cerradas, tras las fusiones de muchas entidades en los últimos años, de las que sus propietarios se han desentendido al cesar la actividad económica. Desde su equipo critican precisamente esa desatención que facilita la okupación y el enganche a los suministros básicos.

La realidad, alertan fuentes policiales que muy a menudo tienen que acudir a estos lugares, «es terrible». Más incluso, dicen, de lo que uno se puede imaginar. En espacios relativamente pequeños se hacinan entre 10 y 20 personas, la mayoría de ellos extranjeros, sin recursos económicos y con menores a cargo. Cuando se detecta una ocupación con niños se pone en conocimiento de los servicios sociales para que les den atención.

Esa no va más allá de garantizar la alimentación, la escolarización y la atención médica de los pequeños. Como ocurría en el caso de la familia que murió este martes. Pese a la vulnerabilidad evidente y que el lugar dónde residían no era idóneo para los críos, el Ayuntamiento de no les ofrecía ninguna otra solución, como un social o el ingreso de los niños en un centro de menores para recibir una mejor atención.

Peleas y molestias a los vecinos

La mejor detección de estos locales ocupados la realizan los agentes policiales cuando son requeridos por parte de los vecinos para mediar en peleas. En la mayoría de casos, aseguran los vecinos de estos inmuebles, las disputas son constantes entre los inquilinos que ocupan estas propiedades. El consumo de alcohol y drogas, en muchas ocasiones, hacen que el comportamiento de alguno de los okupas también sea extremadamente violento, tanto con los policías que acuden por el aviso de los vecinos como con los que residen en la misma escalera.

El gran volumen de oficinas bancarias cerradas últimamente ha hecho que el número de ocupaciones sea mayor. Hay mafias que se dedican a buscar los locales y a facilitar la entrada de familias al completo, según fuentes policiales, que van cambiando de asentamiento o ocupación a menudo. Estos lugares también se han convertido en uno de los lugares preferidos por los menas para asentarse. Esa proliferación de ocupaciones ha provocado una mayor indignación vecinal, que del día a la mañana tienen unos vecinos molestos y sin respeto por el descanso y el entorno. Más allá de las intervenciones policiales en momentos puntuales, cuando hay una pelea, no se actúa contra ellos.

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