De todas las amenazas independentistas que acechan (una vez la mayor, la de la propia independencia, está por mucho tiempo desactivada) la que más me dolería que se hiciera realidad sería la expulsión de la Nacional de Vía Layetana. Creo compartir con muchos catalanes de unidad y progreso la defensa de lo que a estas alturas se ha convertido en uno de nuestros símbolos más queridos. Personalmente, cada vez que paso por a la Jefatura Superior de Policía me dan ganas de dar la mano a los jóvenes que hacen guardia en la puerta y felicitarles. les debe mucho.

Pero, al igual que para nosotros es un símbolo, para los “odiadores” de también lo es. Y la tienen enfilada. De ahí, la campaña sistemática y obsesiva para sacarla de su emplazamiento con cualquier excusa, sea convertirla en un memorial, cómo no, “contra la dictadura franquista» o, siguiendo con el comodín de Franco, asociándola de forma falsa y gratuita con la dictadura del susodicho.

Tiene que ser un incordio y una ofensa aguantar a pie de calle incluso “performances” de esos subvencionados de Òmnium proyectando en su fachada imágenes de torturados que ni siquiera son del tiempo de sus padres. Todo por deslegitimar a unas fuerzas del orden que tanto han aguantado y sufrido (no sólo a los vándalos del procés; también a los pistoleros de los “años de hierro” de Eta), y por ello son tan queridas. Ha hecho muy bien Ciudadanos en preocuparse por este asunto presentado una iniciativa parlamentaria en el Parlament. El problema, como siempre, son los gobiernos de España, esta vez con un presidente al frente que no quiere ni puede dejar de ceder a las presiones de sus socios independentistas.

Efectivamente, tenemos motivos para desconfiar del ejecutivo del PSOE y Unidas Podemos, que al final ha pactado enmiendas con Esquerra Republicana, el PNV y el PDeCAT en el Congreso para sacar adelante sus Presupuestos Generales del Estado. Este lunes ya supimos que tenían la sucia bendición de EH-Bildu, madre mía.

Con esa tropa aún asistiremos a muchas iniquidades. Porque si alguien se cree que porque han aparcado el referéndum o la Diu o lo que sea, aquí podemos respirar, se equivocan. Por ejemplo, aún tenemos a casi 800 ayuntamientos catalanes sin izar la bandera española como marca la ley.

Por suerte y como siempre, la sociedad civil catalana ha tomado en sus manos lo que los políticos “tibios” tratan con tanta frivolidad y negligencia. La Asociación Impulso Ciudadano, tras un intenso trabajo de campo llevado a cabo por voluntarios, ha presentado un informe. En una rueda de prensa en el Colegio de Periodistas han declarado que esta situación «manifiesta la voluntad de eliminar los símbolos constitucionales de en Cataluña». No sólo la bandera española, también la senyera está ausente en muchas fachadas de casas consistoriales. La bandera española está colgada en el 16% de los ayuntamientos y la bandera catalana, en el 58%. En el resto de casas consistoriales ambas banderas oficiales están ausentes.

Si no está destruida del todo es gracias a la labor de voluntarios como estos, que dedican generosamente su tiempo a fotografiar las fachadas de 947 ayuntamientos de Cataluña. Que no es poco. Algo que deberían haber controlado los distintos gobiernos que han tenido el poder en España. Escaso era lo que vigilaba el PP. Ahora con Sánchez no nos extraña que a la Delegación del Gobierno en Cataluña no le haya chocado nada de lo que esos voluntarios han visto y que no haya presentado ningún requerimiento a las Administraciones locales. Menos mal de Impulso Ciudadano y el resto de las entidades.

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