En hay pescadores submarinos furtivos «altamente especializados» que pueden llegar a ganar 3.000 euros al mes y pagar una posible multa «sale a cuenta», según un estudio impulsado por entidades conservacionistas sobre la pesca ilegal en las aguas del archipiélago.

El estudio revela asimismo la existencia de grupos organizados para vender pescado ilegalmente, «que emplean sistemas de aviso para evitar ser interceptados por inspectores de pesca». En la investigación han participado Marilles Foundation, Preservation Foundation, Menorca Preservation e Preservation, informa Press.

El estudio también ha detectado «casos puntuales de connivencia» entre pescadores profesionales y recreativos para «blanquear» pescado, y de hecho a la mayoría de restaurantes consultados les han ofrecido pescado ilegal.

Según la investigación, que ha contado con el testimonio de diferentes agentes implicados -pescadores profesionales, científicos, administración, e incluso pescadores furtivos-, el desvío de pescado en la pesca profesional «es mucho más común en la flota de artes menores que la de arrastre».

Otro impacto sobre el mar balear es la pesca recreativa de subsistencia «que vende captura como complemento de salario y para llegar a fin de mes».

En la pesca profesional de arrastre, las infracciones más comunes son el exceso de potencia motora y la entrada en zonas prohibidas. En cuanto a la pesca de artes menores, se sospecha que comercializa el 50 por ciento de sus capturas de manera ilegal porque las cifras declaradas «son muy inferiores» a lo esperable.

Un centenar de grandes pescadores furtivos

En cuanto a la pesca recreativa, se calcula que captura en torno a 1.200 toneladas al año, casi la mitad de la pesca declarada por los profesionales. De esta cantidad, se desconoce cuánto termina en el mercado negro, ya que se calcula que en las Islas existen en torno a un centenar de grandes pescadores furtivos que salen asiduamente el mar para pescar y vender el pescado después.

Este furtivismo se intensifica en verano, cuando abren restaurantes de pescado en primera línea de mar de los municipios más visitados y con un de alto poder adquisitivo. También se ha detectado venta a particulares directos, en especial en segundas residencias de Ibiza, y a embarcaciones fondeadas.

La investigación apunta a la existencia de «grandes pescadores furtivos» que actúan como profesionales acumulando grandes cantidades de pescado que venden de manera fija a particulares o restaurantes. Según los inspectores, las sondas han mejorado «increíblemente» sus capturas, y su captura va dirigida a especies concretas de alto valor comercial.

«El modus operandi suele ser el siguiente: el furtivo sale a la captura de especies y cuando regresa a puerto envía un mensaje de a sus clientes con la captura del día. Pactan un precio y en tierra hacen la transacción», recoge el documento elaborado por las entidades. Se incluyen aquí pescadores submarinos que acceden a reservas marinas o incluso el parque nacional de Cabrera.

Además, profesionales de la vigilancia pesquera coinciden en señalar que estos pescadores «tienen controlados los horarios de los inspectores de pesca y de los guardas de reservas marinas». Casi nunca van solos y tienen escondites dentro de la barca para ocultar el pescado, así como informadores en los puertos para alertarse entre ellos si detectan inspectores.

Además, la facilidad con la que se pueden tirar las capturas por la borda cuando se acerca una barca de inspección aumenta la impunidad. En Cabrera «se han llegado a detectar barcas con equipos muy organizados».

Langostas en el mercado negro

Las entidades subrayan que hay «muchas barreras», legales, sociales y económicas, que dificultan el trabajo de vigilancia por parte de los inspectores y las fuerzas de seguridad, y que los recursos actuales «no son suficientes para atajar este problema y hacer cumplir con la normativa existente, tanto en tierra como en mar».

En este sentido, apuntan a un problema de «responsabilidad compartida», puesto que la mayoría de consultados conocen casos de infracciones por parte de individuos, restaurantes y hoteles, pero nunca han actuado al respecto. En este sentido, lamentan que es «un problema que todo el mundo conoce, pero del cual nadie habla».

El estudio condena la «tolerancia con el furtivismo», especialmente en la venta ilegal de langosta en Menorca en verano, con «oferta directa sin tasas a los restaurantes». Se estima que siete de cada diez langostas que se venden en Menorca provienen del mercado negro.

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