Sánchez y Belarra entran en colisión por la guerra en Ucrania

El 24 de febrero empezó la guerra de Rusia contra Ucrania y, desde ese momento, en el PSOE y en Unidas barruntaron que la relación de la coalición de gobierno iba a entrar en tensión. Día a día los matices diferenciadores han crecido en tamaño hasta este fin de semana en el que el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, y Ione Belarra, ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, secretaria general de Podemos, han entrado en colisión. La discrepancia es total entre ellos, pero no lo es menos entre y la vicepresidenta segunda del gobierno, Yolanda Díaz. Las apuestas de Sánchez y el PSOE por el bloque de los gobiernos occidentales, frente a la “agresión salvaje” del presidente ruso, Vladimir Putin; y la de Belarra defendiendo solo la diplomacia, son pétreas. Les cueste lo que les cueste. Lo reconocen en el PSOE y ayer lo verbalizó la ministra de Igualdad, Irene Montero.

No es una escaramuza más de las que acompañan la vida del gobierno de coalición desde el 7 de enero de 2020. Las consecuencias globales de la guerra contra Ucrania —con un impacto aún por determinar, pero de hondo alcance en el ámbito económico en nuestro país y en toda Europa— no permitirán encapsular el conflicto. Una vez que Sánchez optó el pasado martes, y lo anunció en el Congreso el miércoles, por implicar a España al máximo en la ayuda a con el envío de armamento, la guerra con quedó declarada. Esta formación política reconoce que el agresor es Putin, pero su propuesta es hacerle frente con diplomacia, con la negociación, no solo entre las dos partes sino con la mediación presencial de Naciones Unidas.

Sánchez y Belarra abrieron ayer hostilidades, sin citarse, en sendos actos de partido. El líder socialista reunió al comité federal del PSOE, con el único asunto de la guerra, y Belarra protagonizó un acto con los suyos en las vísperas de la celebración del 8 de marzo, Día de la Mujer. En su intervención habló de “los partidos de la guerra…”, una referencia inequívoca a su socio del Gobierno, el PSOE. La dirigente de no está sola en Europa: compartirá la voz del “no a la guerra” con grupos minoritarios de izquierda, como el francés Jean-Luc Mélenchon, líder de Izquierda Insumisa, y el exlíder laborista británico, Jeremy Corbin. Frente a ellos, Pedro Sánchez: “Nosotros sabemos dónde está el lado correcto de la Historia”, decía ayer ante el comité federal socialista, que ratificó su posición, de pie, con aplauso cerrado aunque, en este caso, no hubo la menor sonrisa, sino pesadumbre en los rostros. También irritación, expresada sin micrófonos, por la actitud de Podemos.

No así con Izquierda Unida, más matizada en su respuesta sobre el envío de armas, ni con en Comù Podem. Tampoco con Yolanda Díaz. En la decisión de canalizar la ayuda en armamento a través de la o directamente —España usará finalmente ambos mecanismos— no hay demasiadas diferencias prácticas, pero sí políticas; en el ámbito y nacional. El jefe del Gobierno trata denodadamente de que España suba peldaños en la consideración internacional, aunque su actuación en las misiones internacionales está en la primera línea.

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La primera operación de la fue en 2003 y allí estuvo España. Actualmente está en las siete misiones de la Unión Europea, seis de ellas en África, y en todas las de la OTAN. Sí es nuevo el reto actual con el compromiso firme de entenderse directamente con el gobierno de Ucrania. El paso está dado y si por esta posición pierde o decepciona a votantes potenciales, no hay marcha atrás. Hay todo un electorado de centro, al que aspira por la derecha el PP y al que nunca renuncia el PSOE por la izquierda, que puede que acepte el compromiso de Sánchez con el resto de sus colegas europeos en la defensa de Ucrania. El papel de España para ayudar a a reducir la dependencia energética de Rusia, con la exportación de gas, está en las conversaciones de Sánchez con la Comisión Europea.

El presidente incluye en su agenda el avance de una seguridad europea común, sin menoscabar la OTAN. Estas serán las de Sánchez, frente a la del “no a la guerra” que asirá Podemos. Les cueste lo que les cueste. ¿Dónde queda Yolanda Díaz? Ahora, con Sánchez, que es quien dirige la política exterior del Gobierno. A Podemos le llegan avisos de Izquierda Unida (Alberto Garzón) de las consecuencias de expulsar a la vicepresidenta del tablero y quedar sin referente electoral a la izquierda de la izquierda.

 

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