El río Flamisell desciende 34 kilómetros desde su nacimiento en el Pirineo catalán, donde recibe las aguas de una veintena de estanques o lagos pequeños, hasta desembocar en el Noguera Pallaresa a su paso por la localidad de Pobla de Segur. Es un espacio estrecho y envuelto por imponentes montañas que recibe el nombre de la Vall Fosca (el valle oscuro, en castellano).

Lo llaman así por su singular geografía: al norte, los picos casi rozan los tres mil metros de altura -la cima del Peguera, que es la más alta, alcanza los 2.985 metros- y sus laderas caen vertiginosamente hacia el valle, lo que provoca que el sol no pueda tocar gran parte de su superficie, sobre todo en invierno. Tal vez, por esa razón, esta escapada en el Pallars Jussà siempre ha pasado un poco desapercibida.





Agua torrencial, escarpados montes, chopos, encinas, praderas y gran diversidad de fauna conviven aquí en armonía

Aun así, es un lugar repleto de vida y energía. El agua torrencial, los escarpados montes, praderas, los chopos, álamos o encinas y una gran diversidad de conviven armoniosamente en su cauce. Para explorarlo, nos ponemos al volante y circulamos desde la parte sur a la norte, haciendo paradas en todos aquellos lugares (y sus inmediaciones) que merecen la pena descubrir.

Dolmen de la Casa Encantada. Senterada

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Senterada, la puerta de entrada

Foto: Dolmen de la casa Encantada. Senterada
Banyeres / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Entre la ciudad de Barcelona y la Vall Fosca hay unos 200 kilómetros más o menos. La A2 no conduce desde la capital catalana hasta Lleida; desde allí a Tremp, la capital del Pallars Jussà, luego dirección Pobla de Segur, para acabar en Senterada, que es donde se inicia esta ruta, lo que geográficamente se denomina la puerta de entrada a la Vall Fosca.

Senterada es como un campo base para todos aquellos que tengan la sana intención de adentrarse en este precioso y estrecho “valle oscuro”. Las actividades que se pueden realizar allí son casi infinitas: desde visitar la iglesia de Santa Coloma de Bruguet, el antiguo monasterio de Santa Grata o los restos del de Sant Genís de Bellera, hacer excursiones a pueblecitos tan entrañables como Cadolla o Larén, pedalear por senderos recónditos, o practicar la pesca fluvial (no hay que olvidar que estamos en la confluencia de dos ríos: el anteriormente mencionado Flamisell y el Bòssia).



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De todos modos, una interesante sugerencia consiste en acercarse a Cadolla (hay un tramo de pista sin asfaltar) y aventurarse a pie por el sendero que lleva hasta el dolmen de la Casa Encantada, ubicado a 1.396 metros de altura. Entre robles y muretes de piedra seca, llegamos hasta uno de los monumentos megalíticos mejor conservados de Catalunya, ya que todas las piedras que lo componen se mantienen en la posición originaria.

Montcortès, Pallars Sobirà

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Las leyendas del estanque de Montcortès

Si ponemos rumbo este y conducimos durante unos 15 minutos, pasado la Pobleta de Bellveí, alcanzamos Montcortès, un lago de origen kárstico (se nutre de aguas subterráneas). Lo hacemos por una carretera plagada de curvas, aunque de una enorme belleza paisajística, envuelta por barrancos, pastos con vacas, masías, bosques y arroyos. Este lago, junto con Basturs y el de Banyoles, son los únicos lagos naturales de origen no glacial con aguas permanentes de toda Catalunya.



A primera vista, la estampa de este lago es idílica. El silencio manda de una forma abrumadora. Las montañas cerradas se reflejan en la superficie y solo el murmullo del río y el aullido de las aves que lo habitan irrumpen nuestro asombro frente al paisaje. Vale la pena dar la vuelta siguiendo su orilla. Son unos dos kilómetros como máximo. En verano, incluso, muchos viajeros se dan un chapuzón. Eso sí, durante el recorrido, es aconsejable buscar alguna de las plataformas de madera que permiten acceder directamente al agua y evitar el cañizal.

Montcortès, como muchos rincones de la zona, tiene una leyenda propia que explica su origen

Como en muchos otros rincones de la zona, este estanque tiene su propia leyenda que explica su origen: aseguran los más viejos del lugar que en sus fondos hay una ciudad, que en su día se llamaba Pallars, por la que pasó Jesucristo vestido de mendigo. Nadie le ofreció comida, por lo que la ciudad fue castigada y engullida por las aguas.

Castell-estaó, uno de los pueblos del municipio de Torre de Capdella

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El mirador de la Roqueta y el sol de Astell

Foto: Castell-estaó, uno de los pueblos del municipio de Torre de Capdella
Gustau Erill i Pinyot / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)



Nuestro próximo objetivo es la Torre de Capdella, a unos 15 kilómetros al norte. Hay que considerar que este valle arranca con 800 metros de altitud y al final se erige hasta los 1.420 metros, por lo que nos encontraremos con numerosos miradores durante el recorrido. Todos son extraordinarios. De hecho, a medio camino, podemos ascender a uno de los más espectaculares: el de Castell-estaó. Se pueden avistar muy bien los pueblos de Astell o Aguiró, al norte, o la Plana de Mont-ros y Baranui en la parte sur.

Antes de llegar a Torre de Capdella, nos detenemos en Astell, a escasa distancia -un par de kilómetros a lo sumo- del mirador de Castell-estaó. Ascendemos por una angosta carretera hasta uno de los contrapuntos de la Vall Fosca, ya que el sol no ha olvidado a Astell y lo alumbra con sus rayos de sol como lo haría un foco al protagonista de una historia.

Ingredientes para la elaboración de la girella

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del Pallars: la girella

Foto: Ingredientes para la elaboración de la girella
Jcemeli / Eikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Aparte de admirar la diversidad ambiental de la Vall Fosca, es imprescindible degustar la pallaresa durante la ruta. La mayoría de los platos están basados en recetas de toda la vida que han ido pasando de una generación a otra. En su mayoría, suelen ser productos autóctonos y de temporada como la trucha, el palpís (carne de cordero deshuesada) o el estofado de jabalí.

Pero si nos ha entrado el hambre en este punto de la ruta, lo primero que hay que hacer al entrar en Torre de Capdella es ir a la charcutería Casa Fonso, comprar y catar el embutido estrella de la comarca: la girella. Toda una tradición de la pallaresa. Y sabrosísimo, por cierto. Se elabora con el estómago del cordero, callos, panceta, huevos, arroz, pan rallado, ajo, perejil, sal y pimienta.

Museo hidroeléctrico de Capdella

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El museo hidroeléctrico

Foto: Kippelboy / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Estamos en la parte central del valle, donde el río Flamisell se comporta con todo su temperamento. Y precisamente en ese punto se construyó a lo largo de dos intensos años la primera central hidroeléctrica de Catalunya, poniéndose en marcha finalmente en el año 1914. Fue una obra faraónica y todo un hito en esos tiempos.

Hoy se puede visitar su museo, que ofrece un tour guiado (una hora y media) donde se explican las causas de su creación, cómo surgió el proyecto, la historia y el proceso de electrificación en la comunidad catalana y el impacto que produjo entonces en la sociedad. Hay que tener en cuenta que en la construcción de la central llegaron a trabajar hasta 4.000 personas procedentes de distintas partes del país. En definitiva, una experiencia muy didáctica.

Carrilet-estany Gento es una agradable vía verde
This route is a greenway and it becomes a wonderful path to walk and enjoy the spectacular landscapes of the upper part of the Vall Fosca. An ideal hike to do with the family, right at the gates of the Aigüestortes National Park and San Mauricio Lake

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El carrilet, el teleférico y el estany Gento

Si conducimos algo más al norte -unos 2 kilómetros- el paisaje ya empieza a transformarse en esencialmente pirenaico. Las rocas y el agua se adueñan de nuestra vista y los lagos de alta montaña, de origen glaciar, se distribuyen majestuosos entre los picos nevados. Alcanzamos en ese punto el pueblo más alto del valle, Capdella. Las vistas son una maravilla. Además, cuenta con una iglesia románica, Sant Vicenç, de estilo lombardo, y es el sitio de salida de muchas rutas senderistas.

Si proseguimos por esa misma carretera, alcanzaremos el embalse de Sallente, donde hay un aparcamiento gratuito, y desde allí se asciende en teleférico hasta el estany Gento a 2.200 metros de altitud. No es el más bonito, pero sí el primero con el que nos tropezamos. Para acceder, o bien podemos subir al teleférico (solo abierto en verano) o enlazar y caminar a través del carrilet, un sendero que transcurre por los raíles del antiguo ferrocarril (1911) que transportaba materiales para la construcción de la central. Hoy el trazado se ha rehabilitado y es una de las vías verdes más recomendables de Catalunya.

Refugi Colomina

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El refugio de Colomina y Aigüestortes

(Foto: Eduardps / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0))

Hallarse en el estany Gento significa estar al sur de uno de los espacios protegidos más excepcionales de la meridional: el parque nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, un paraíso natural con más de 200 lagunas. Las hay de todas las formas y colores. Y así, las rutas que se pueden hacer entre ellos también son de todo tipo y adaptadas a todos los niveles. Una de las más destacadas es la que va desde la orilla del estany Gento hasta las alturas del Colomina (2.412 m.), pasando por el estany Tort (2.293 metros). No es un itinerario muy exigente y tampoco hay pasos complicados.

Para los amantes del montañismo que busquen aventura y buenas sendas -entre las que destaca la popular travesía de Carros de Foc– merece la pena vivir la experiencia de alojarse en un refugio como el de Colomina (cuenta con 50 plazas y 9 de emergencia). Junto al lago del mismo nombre, está perfectamente equipado para pasar la noche (colchones, edredones, cocina y agua caliente). Desde allí, en unos 10 kilómetros de ida y vuelta, es muy frecuente coronar una de las cimas más conocidas: el pico de Peguera, o hacer alguna esquiada de montaña.



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