Bebés en pandemia: Los riesgos de los grupos ‘burbuja’

El aislamiento, la distancia social, el temor al contagio y la mascarilla han reducido de mantener drástica, y sin parangón, las posibilidades de interacción social de los niños que han nacido poco antes y durante la . La privación de los abrazos, de las caricias y demás arrumacos de abuelos y tíos durante la primera infancia, así como la limitación de la comunicación no verbal más allá de las burbuja familiar y/o escolar, ha supuesto una pérdida de oportunidades en la adquisición de habilidades sociales para los más pequeños.

“Los niños de la pandemia, debido a las medidas para intentar contener el virus, sólo han tenido la estimulación de padres y hermanos, si no son hijos únicos. No han disfrutado de la familia extendida formada por abuelos, tíos y primos; ni del intercambio con otros niños de su edad en la guardería”, explica la doctora Libia Quero, pediatra con consulta en el Hospital Santa Isabel de Sevilla, al incidir en que “el neurodesarrollo exitoso tiene estrecha relación no sólo con la genética, sino también en el ambiente de estimulación y afectividad que rodea al niño”.



Aunque los pequeños tienen una formidable capacidad de resiliencia y de adaptación, las privaciones de la pueden interferir en el normal desarrollo de las habilidades cognitivas y sociales; lo que se puede traducir en un incremento de la asistencial en consultas de Atención Temprana. El doctor Cristóbal Coronel, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria incide en que “los niños, y cuanto más pequeños más aún, no entienden a veces las expresiones orales y en ellos tiene mucho más valor el lenguaje no verbal. Las dificultades asociadas con el uso de la máscara son muy significativas”.

Las privan a los bebés del estímulo de las caras de las personas que le rodean fuera de su núcleo familiar. Los niños aprenden imitando. Al leer los labios, los pequeños van adquiriendo el habla y otras habilidades que quedan entorpecidas por las mascarillas. “Las emociones primarias de ira, alegría, interés, miedo, disgusto, y sorpresa aparecen en contextos adecuados, como expresiones faciales distintas”, explica la doctora Quero.

Tras una profunda revisión de los estudios sobre el posible impacto del en la infancia, la doctora Quero alude a los resultados de una reciente investigación dirigida por Monica Gori en el Instituto Italiano de Tecnología: “Muestra por primera vez cómo los niños de 3 a 5 años tienen problemas para reconocer las emociones de las personas que usan mascarillas”.

Los resultados del mencionado estudio evidencian que los niños de entre 3 y 5 años son capaces de reconocer expresiones faciales que transmiten felicidad y tristeza en sólo el 40% de las ocasiones en las que los rostros están cubiertos por una mascarilla.

La doctora Quero advierte sobre posible efectos de la en los más pequeños: “No sabemos cómo puede afectar esto a los lactantes por debajo de 2 años. ¿Constituiría una hipoestimulacion sensorial? No tenemos respuestas para ello pero deberíamos buscarlas, porque existe el temor de que dejar de percibir al completo muchos rostros pueda influir negativamente en el desarrollo normal de las habilidades de interacción social de los niños pequeños”.

La permanente amenaza del virus, y el día a día caracterizado por un elevado volumen de informaciones sobre limitaciones, etcétera hacen mella en el mundo emocional y puede desencadenar fobias, entre otros problemas. Los pediatras lo están percibiendo ya en consulta. “En las primera consultas tras el confinamiento los menores de dos años mostraban más temor y era difícil interacciones con ellos”, explica la doctora Quero, al recordar que en aquellos momentos “los médicos estábamos embutidos en EPIs, lo que despertaba aún más temor en los más pequeños”.

La especialista ha observado en su consulta “cierto retraso en el lenguaje, y algún retraso en la adquisición de habilidades motoras y dificultades sociales”.

¿Necesitarán refuerzos los bebés de la pandemia?

El doctor Coronel responde: “Probablemente sí, pero los pequeños han demostrado que tienen una gran capacidad de adaptación, y no me sorprendería que igual se han adaptado biena esta circunstancias rápidamente se adapten a las nuevas”.

En la misma línea reflexiona la doctora Quero: “Un confinamiento estricto para luego mantener el distanciamiento social, y regresar a la guardería con una cuidadora con mascarilla pueden privar a los niños de intercambios sociales vitales, por lo que podrían tenerlo más difícil; pero los niños tienen una gran capacidad de adaptación y resiliencia. El tiempo dirá si serán capaces de recuperar los vínculos sociales”.

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