Es muy probable que, tarde o temprano, todos los ciudadanos (que quieran) reciban una tercera dosis de la vacuna frente a la covid.

Así lo asumen la mayoría de expertos consultados, a medida que la ciencia va mostrando su utilidad aunque no haya evidencia de que sea urgente en menores de 60 años si no tienen otros problemas de salud; al menos, por ahora. En España solo está indicada hoy a esta población más vulnerable, aunque la Ponencia de Vacunas, el grupo de expertos que asesora al Gobierno, ya está estudiando ampliar a más edades. Con más de cinco millones de dosis esperando a ser administradas, el ritmo de los pinchazos de refuerzo llegó a su techo hace dos semanas y en las últimas ha caído ligeramente.

La inoculación de terceras dosis comenzó en septiembre: primero inmunodeprimidos, personas que viven en residencias, luego todos los mayores de 80, para ir bajando progresivamente hasta los 60 y a los sanitarios, a principios de este mes. Hasta ese punto, cada semana se pinchaban más dosis que la anterior. Pero la tendencia cambió la primera semana de diciembre. La última está condicionada por los festivos, pero incluso si se hace el cálculo de pinchazos por días hábiles, el ritmo ha bajado: de una media de más de 242.000 pinchazos diarios la semana que empezó el 22 de noviembre bajó a algo más de 186.000 la siguiente y a unos 176.000 la del puente de la Constitución (contando solo los tres días laborables).

También ha decrecido el porcentaje de población mayor de 70 años a la que se cada día, que ha alcanzado un 77,8%. La última semana de noviembre (primera en la que el Ministerio de publicó estos datos), el aumento diario era de 2,3 puntos, que bajó a 2,1 la siguiente y a 1,4 la última (también contando solo los laborables). Las cifras varían mucho entre comunidades: mientras el refuerzo se ha inoculado a nueve de cada diez mayores en Galicia, y Asturias, otras tres autonomías no llegan al 70% (Madrid, y Canarias).

Esto sucede en un contexto en el que cada vez más líderes políticos —Comisión Europea incluida— inciden en la importancia de las terceras dosis y su aceleración para hacer frente a la presente ola pandémica y a la variante ómicron, cuyas consecuencias son todavía difíciles de prever. Lo que parece cada vez más claro es que una tercera dosis protege más que la pauta de dos y que, tanto para la delta como para la ómicron, los mayores van a estar mucho más seguros con ella.

¿Por qué no sigue creciendo entonces el ritmo de vacunaciones? Puede haber varias razones. Aunque los mayores de 70 acogieron con entusiasmo las inyecciones en España y casi todos se las inocularon, cuanto más avanza la vacunación en cualquier grupo más difícil es progresar. Los primeros pasos, siempre que haya dosis disponibles, son los más rápidos y los últimos cuestan más, como se ha visto durante todo el proceso.

Por muy beneficiosa que pueda ser la tercera dosis, además, es normal que no genere tanta adherencia, en opinión de Jaime Jesús Pérez, de la Sociedad Española de Vacunología. “Cuantas más dosis se recomienden, menos gente irá poniéndosela, en parte por cansancio, en parte porque piensan que ya están protegidos con las anteriores y que la siguiente [en este caso la segunda para quienes habían recibido Janssen y tercera para los demás] no es tan importante”, razona.

En la estrategia española la dosis de refuerzo está pautada seis meses después de la segunda (o de la primera, en caso de Janssen). Es una fecha que ya cumplen prácticamente todos los mayores de 70, pero muchos sexagenarios que recibieron AstraZeneca completaron su pauta entre junio y julio, por lo que les tocará entre diciembre y enero.

El plan nacional de vacunación no incluye, por el momento, a menores de 60 años para la tercera dosis (excepto para inmunodeprimidos y sanitarios), pese a que otros países (Estados Unidos, Israel, Alemania, Francia, entre otros) ampliaron a todos los mayores de edad y a que el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) recomendó ponerla a disposición de todo aquel que superara los 40 años.

La Ponencia de Vacunas, el grupo que ha trazado la estrategia, ya estudia esta posibilidad en un plan dinámico que no ha parado de cambiar desde que se inició hace casi un año. Y es posible que esta misma semana haga una recomendación al respecto, según adelantó ayer la cadena SER, aunque hasta el momento no lo han considerado una prioridad. Preferían centrar todos los esfuerzos en completar las terceras dosis de los mayores y avanzar en la vacunación infantil, que comienza esta misma semana. “Está bien poner el foco en lo importante, que son ahora los mayores”, opina Pérez.

Galicia ya se ha adelantado a esta previsible decisión y ha comenzado a inocular al grupo de entre 50 y 59 años. Es algo irregular sobre el papel, ya que el plan de vacunación es nacional y lo dicta el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud a través de su Comisión de Salud Pública, integrado por directores generales de esta área de las consejerías autonómicas y del ministerio. A pesar de eso, no es la primera vez que una comunidad se anticipa a una decisión de este organismo sin que haya habido consecuencias.

¿Por qué es aconsejable la tercera dosis?

Lo que va poniendo de manifiesto la evidencia científica es que la capacidad de protección de las vacunas frente a la infección cae aproximadamente a los seis meses (algo que en cualquier caso no ha sido su fuerte). Lo que sí mantiene alta es la prevención de la enfermedad grave: hospitalización, uci y muerte (el gran valor de las vacunas). Pero en personas mayores, que son las más vulnerables, se ve un pequeño declive.

Lo que hace la tercera dosis es proteger aún más a quien la recibe. Un estudio publicado la semana pasada en el New England Medical Journal mostraba que aumentaba un 90% la protección frente a hospitalización y muerte. Esto se suma al 90% que ya había con la pauta completa, lo que hace caer el riesgo a niveles muy bajos.

En personas vulnerables esto puede suponer evitar miles de hospitalizaciones y fallecimientos en un contexto de alta transmisión del virus. Pero el mismo estudio demostraba que en el tramo de 40 a 60 años la cantidad, en números brutos, era ínfima. “Ya de por sí es muy raro que una persona de esta edad requiera hospitalización. Con la pauta completa de dos dosis, todavía menos”, explica Pérez. En menores de 40 el estudio ni siquiera entra a evaluar porque los casos graves entre vacunados son tan remotos que no había siquiera un número estadísticamente significativo para medir.

Con estos datos y otros similares que se van publicando, los expertos consultados no ven ninguna urgencia a ampliar la vacunación a menores de 60. Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología, cree que es positiva en mayores, para quienes no se debe demorar ante esta sexta ola. Pero prefiere esperar para personas más jóvenes. “Estamos viendo que la pauta heteróloga [mezclar distintos tipos de vacunas] está funcionando mejor que aplicar siempre la misma porque produce una respuesta inmunitaria más amplia. No deberíamos apresurarnos a poner una tercera dosis de la misma vacuna, como quiere el CEO de Pfizer, en personas de menos de 60 años, que hace menos que se vacunaron”, sostiene.

Ángela Domínguez, coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Vacunación de la Sociedad Española de Epidemiología, también prefiere aguardar en la población menor de 60. “Hay tiempo de esperar a los datos y estudiarlos. Si hace falta, estupendo, pongámoslas. Pero si no, tenemos que tener siempre en mente que estamos ante un problema global y es muy importante tener protegida a toda la población mundial”, señala. Estamos lejos de esa meta, mientras muchos países están con las terceras dosis para toda la población, más de la mitad no ha recibido una sola.

La incógnita de la ómicron

Uno de los motivos para impulsar terceras dosis en toda la población es la amenaza de la ómicron, que parece extenderse mucho más rápidamente que las anteriores. Un estudio preliminar de la Agencia para la Seguridad Sanitaria del ha mostrado que los vacunados con dos dosis de AstraZeneca o Pfizer-BioNTechn tuvieron niveles mucho más bajos de protección frente a esta variante que a la delta. Sin embargo, con una dosis adicional, las personas adquirieron entre un 70% y un 75% de protección frente a los síntomas leves de la enfermedad, independientemente de la inicial que habían recibido. Lo que no saben son los efectos (ni de la ómicron ni de la vacuna) frente a la covid más grave, ya que no hay suficientes casos detectados ni ha transcurrido el tiempo necesario.

“Evidentemente, si pones más dosis de este tipo de vacunas, cada vez tienes más cantidad y calidad de anticuerpos, pero no porque la anterior fuera mala, sino porque tienes más”, dice Federico Martinón, asesor de vacunas de la Organización Mundial de la Salud. La presencia de estos anticuerpos puede ser un buen predictor de la protección frente al contagio, pero no a la enfermedad grave, en la que actúa también la inmunidad celular, más “profunda”, en palabras de este experto.

Cuando el organismo entra en contacto con un patógeno, más allá de producir anticuerpos, su sistema inmunitario lo reconoce y es capaz de activar otros mecanismos de defensa. Por eso las vacunas puestas en circulación son tan buenas ante la hospitalización y aunque los anticuerpos decaigan con el tiempo. No hay ningún dato por el momento que muestre que lo son menos frente a la ómicron, pero tendrá que pasar tiempo para que se puedan estudiar a grandes poblaciones y comprobarlo.

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