Las posibles funciones del llanto: desde comunicarnos a regular nuestras hormonas

Las posibles funciones del llanto: desde comunicarnos a regular nuestras hormonas
Si uno lo piensa a fondo, la relación entre el acto físico de llorar y las emociones que a menudo lo provocan (como la tristeza, el miedo o la alegría) no es demasiado evidente. Estamos acostumbrados a verlo como algo natural (porque lo es) pero pocas veces consideramos los mecanismos por los que esto sucede.

Las particularidades del llanto

Concretamente, al lagrimeo que se produce por un determinado estado emocional se le denomina llanto, para diferenciarlo de otras formas de segregar lágrimas por otros motivos.

El llanto es un fenómeno curioso por varias razones. Por un lado, porque se piensa que es exclusivo de la especie humana (aunque hay voces científicas que han cuestionado esto). Por otro, porque supone una pérdida de recursos biológicos (como agua o sales) que no cumple con su propósito funcional habitual (proteger el ocular de amenazas externas).

Además, se sabe que las lágrimas producidas por esta causa tienen una composición química diferente a otros tipos, por ejemplo con una mayor concentración de ciertos tipos de hormonas.

¿Para qué lloramos?

Lo que en cambio no está claro es por qué o para qué lloramos. Las teorías son variadas, y van desde hacer analogías entre el dolor físico (cuando es una respuesta a este estímulo, las lágrimas sí cumplen una función clara, ya que son analgésicas) y el emocional hasta atribuirles funciones endocrinas.

Por ejemplo, una de estas teorías afirma que el llanto sería un segundo uso que encontraron al lagrimeo los seres humanos como forma de comunicación no verbal. Esta tesis se apoya mucho en el hecho de que es la manera que tienen los bebés de hacer saber sus necesidades a sus cuidadores.

En este sentido, el zoólogo Oren Hasson opina que el llanto puede hacer a los individuos mostrar su vulnerabilidad ante sus semejantes, despertando sus instintos protectores y aumentando la cohesión en el grupo.

Otra hipótesis, formulada por el bioquímico William Frey, es que las lágrimas son un mecanismo de regulación homeostático. De hecho, esto enlaza con esa mayor concentración de ciertas hormonas en las lágrimas del llanto que antes mencionábamos.

Y es que, de hecho, varias de esas hormonas, como la adenocorticotropina, se relacionan con niveles de estrés muy altos, por lo que su expulsión sería, según esta idea, una manera de retornar a niveles más normalizados (y menos dañinos) de las mismas.

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