Sánchez prima las colas de enchufados sobre las colas del hambre

Una enmienda del Partido Popular a los Presupuestos Generales del Estado proponía algo pleno de sentido común: recortar 108 millones de euros de la mastodóntica estructura ministerial para dedicar esa cantidad a paliar los efectos de la crisis en las familias y, especialmente, en los niños. La propuesta, por supuesto, ha sido vetada sin mayores explicaciones, como tantas otras que han caído en saco roto. Este Ejecutivo que presume de no dejar a nadie atrás, el del escudo social, el de la solidaridad a raudales, ni siquiera ha tomado en consideración una iniciativa que rezaba así: «En el plazo máximo de un mes, el procederá a modificar el Real Decreto 139/2020, de 28 de enero, por el que se establece la estructura orgánica básica de los departamentos ministeriales, estableciendo una estructura que conste, como máximo, de una vicepresidencia y 12 ministerios, adaptando igualmente el resto de altos cargos de forma que el coste total de esta partida no supere los niveles establecidos en 2018 (681 millones de euros en vez de los 789 millones de euros aprobados por el Gobierno)». El ahorro, los citados 108 millones, deberían incrementar automáticamente la partida destinada a las comunidades autónomas para financiar el programa para familias y atención a la pobreza infantil, del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.

Si se sometiera a la decisión de los españoles esta enmienda es seguro que una inmensa mayoría la vería no sólo justa, sino absolutamente necesaria. Pero este Ejecutivo al que se llena la boca presumiendo de defender a los menos favorecidos ha quedado retratado tirando a la papelera la propuesta. Y es que una cosa es la solidaridad y otra la propaganda. Dice Sánchez que los Presupuestos del próximo año serán los de mayor gasto social de la historia. Falso, porque la partida dirigida a Servicios Sociales y Promoción Social apenas crece, mientras se multiplican de forma exponencial los paniaguados del Ministerio de Igualdad de Irene Montero (un 32,6% más en altos cargos y un 34,4% más en asesores).

Esta es la realidad: entre las colas del hambre y las colas de enchufados, Sánchez ha elegido esta última.

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