El polvo subsahariano que desciende sobre Madrid: «¿Y la invasión marciana, para cuándo?»

Actualizado Miércoles, 16 marzo 2022 — 02:02

El polvo subsahariano en suspensión disminuyó la calidad del aire de los 21 distritos de Madrid este martes. La situación se mantendrá igual durante todo el miércoles

Un operario lava el polvo del uno de los leones del Congreso
Un operario lava el polvo del uno de los leones del CongresoÁngel Navarrete

El Hotel Prensa, del mismo tono que el polvo depositado en las aceras, en los neumáticos, en los coches, entre las líneas pintadas de blanco del asfalto y en las alcantarillas, las suelas, en las barandillas, en los neones, en los columpios, en los escaparates, en los retrovisores, en el manillar de las motos, en los semáforos y en el aire de la ciudad, parecía disolverse. La calima efervescente subsahariana había descendido este martes sobre Madrid y cada viandante tenía una metáfora para describirla. «Nunca vi nada igual. El chófer que nos llevó a Toledo dijo que había escuchado algo hacía dos días pero nadie avisó de este tiempo», decía Javier, turista cubano que vive en Miami, apostado en Gran Vía. Chupeteaba uno de esos cigarros electrónicos con forma de pen drive. «Cuando despertamos en el hotel, un hombre mayor dijo que era arcilla de los tejados levantada por la «.

Los grumos naranjas disminuyeron la calidad del aire de los 21 distritos de Madrid. Según detalló el servicio del Ayuntamiento, la calidad era muy mala y estará al mismo nivel este miércoles. «Hombre, lo de no ver la es un poco raro, la verdad. En lo demás no me ha afectado. He hecho mi vida como cualquier día. Con absoluta normalidad», señalaba Laura en Sol. Al fondo de la calle Preciados, quienes paseaban las bolsas de la compra levantaban una estela ocre y dejaban huellas en el camino peatonal. La patrulla del Samur aparcada en Callao no había recibido ningún aviso relacionado de insuficiencia respiratoria. «La naturaleza está desbocada. El coronavirus, Filomena, el volcán y ahora esto», apuntaba F., una mujer que volvía del trabajo subiendo la calle de Casto de Plasencia. «¿Y la marciana, para cuándo?».

Rita Maestre, la portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento, criticó a la alcaldía por no haber «avisado a la población». En la plaza 2 de mayo había gente sentada en las terrazas. Sergio, camarero de Malabar, era el último en preparar la suya. «Podría decirte que va a ser un día sin clientes. Es que fíjate cómo están las mesas». No tenía claro si el Ayuntamiento debía haber anticipado a la población el fenómeno meteorológico del polvo suspendido. «Aunque sea veneno, si nos aconsejan quedarnos en casa es apretar demasiado. Puede provocar silicosis pero ya no sé qué creer. Es difícil. Que cada uno, como con el tabaco, haga lo que quiera. Si quieres salir, sal. Si no, quédate».

Un operario de la limpieza, con un ojo mate y la barba pobladísima tapada por una mascarilla quirúrgica húmeda, restaba importancia. «No me afecta. Hago exactamente lo mismo que cualquier otro día». Domingo, en la calle Pez, cogía cinco euros del monedero en la puerta de un chino. Su nieto, un niño de unos cinco años, vigilaba sus movimientos. «No he visto nada igual, muchacho». Tiene 90 años.

 

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