Los piragüistas de Navarra que salieron con su kayak para actuar como bomberos en «la riada del siglo»

«Uno me ha dicho que mirara si debajo del agua estaba su coche», cuenta uno de los integrantes del Club Iruña Kayak que ha recorrido las zonas inundadas por el río Arga

Uno de los piragüistas, en el barrio de la Rochapea, en Pamplona
Uno de los piragüistas, en el barrio de la Rochapea, en PamplonaVincent WestReuters

Aitor González, vecino de Zizur, ha escuchado esta mañana que se estaba produciendo «la riada del siglo» y no se lo ha pensado dos veces, ha salido con su kayak de color amarillo de casa con la intención inicial de «poder salvar algún animal de la zona de Aranzadi», aunque ha terminado siendo «un bombero más». Después de pedir permiso en Helphone, la empresa en la que trabaja, se ha subido al kayak porque sabía que «podía haber por donde las huertas».

«He visto gallinas que ya no se podían salvar pero he logrado rescatar un y una gallina», explica en declaraciones a Efe. Los los ha dejado en la zona de corralillos, en la Rochapea. «El ha saltado sin que me diera tiempo a dejarlo y la gallina la he dejado en los corrales», añade.

Serían las 10:30 horas de la mañana cuando González ha salido a la aventura: «Me imagino que costará ver una riada como esta, impresiona ver así tu ciudad». Tras dejar a los animales, ha seguido su camino por el barrio de la Rochapea, donde asegura que «las calles eran ríos».

Una vez allí, se ha encontrado con los bomberos: «Me han explicado que en estos casos las alcantarillas saltan y es peligroso ir a pie porque puedes meter el pie en un agujero. Por eso, les venía bien que anduviera con el kayak», cuenta.

Según explica, había zonas muy peligrosas debido a la fuerza con la que circulaba el agua. González forma parte del Club Iruña Kayak y por ello, se maneja con esta barca. «Hemos hecho convocatoria pero al final hemos aparecido un compañero y yo», señala.

Durante dos horas y media se ha dedicado a llegar hasta los vecinos que no podían salir de sus casas, a trasladar lo que los bomberos necesitaran como bombonas de oxígeno y a atender peticiones de los propios vecinos: «Uno me ha dicho que mirara si debajo del agua estaba su coche», relata.

González explica que lo importante de su experiencia ha sido «hablar con la gente». «Muchos se habían quedado sin de madrugada y no sabían más que lo que veían por la ventana. Se creaban diálogos de ventana a ventana muy curiosos», afirma.

«Había una casa que estaban en obras y ha empezado a aparecer gente en el portal diciendo que la casa se iba a caer y las hemos sacado entre un compañero y yo, pero iban con el agua al pecho», narra González.

El piragüista, en Pamplona
El piragüista, en PamplonaVincent WestReuters

Otra de las posibilidades que ofrecía contar con un piragüista era poder trasladar a los vecinos que lo solicitaran aunque finalmente no ha sido necesario según indica González. «Hay veces en las que los bomberos nos llaman para que les echemos una mano con alguna cosa con los kayak, sabía lo que era».

González asegura que ha sido gratificante: «Me va a costar verme en otra así». Hacia las 13:00 horas ha decidido parar cuando ha notado que «el nivel del agua bajaba, eso en la barca se nota rápido» y al mismo tiempo «veía que los bomberos ya podían acceder a todos los sitios, por lo que no pintaba nada allí».

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