Urkullu desoye la petición de los ertzainas que piden placas para sus compañeros asesinados por ETA

Hace poco menos de un año se fundó una nueva asociación de ertzainas que lejos de promover derechos laborales puso la lupa en un vacío incomprensible hasta el momento: nadie reconoce ni rinde homenaje a los agentes de la Autónoma Vasca víctimas de la banda terrorista ETA, ni a los fallecidos ni a los supervivientes. Por eso los que forman la asociación Mila Esker, en castellano Muchas Gracias, han decidido rendir homenaje a los agentes caídos cada vez que se cumple el aniversario de sus muertes. Pero quieren dar un paso más para el que necesitan al Vasco y el compromiso de su lehendakari Iñigo Urkullu, quien aún no ha respondido a la propuesta de colocar placas conmemorativas en las comisarías a las que pertenecían los agentes caídos víctimas del terrorismo o en acto de servicio.

Mila Esker, que en su fundación lleva implícito los valores Honor, Dignidad y Justicia, se dirigió al lehendakari Urkullu a la que ha tenido acceso OKDIARIO y que tras dos semanas no ha sido respondida en ninguna de sus peticiones. Repasar las propuestas de este grupo de ertzainas hace reflexionar sobre cómo es posible que todo esto no se esté haciendo ya en el País Vasco. Y es difícil de entender porque la Ertzaintza tiene entre sus filas a 15 agentes asesinados por ETA. Un número más que manejable para que reciban un reconocimiento por parte de las instituciones políticas vascas.

De hecho, Julio Rivero, uno de los fundadores de la asociación, recuerda que ésta nació del homenaje que varios compañeros dieron a Jon Ruiz Sagarna, un agente quemado literalmente vivo dentro de un furgón antidisturbios en Rentería y que consiguió sobrevivir. Fue entonces cuando decidieron que los homenajes deberían estar respaldados por una asociación. Pero ahora creen que hace falta más.

La asociación pide a Iñigo Urkullu cuatro gestos muy sencillos de cumplir. El primero de ellos la colocación de placas en las unidades o Ertzainetxeas en las que haya agentes víctimas de ETA o caídos en acto de servicio. «Una placa que se coloque en una zona común y visible en la que conste su nombre y apellidos, una breve descripción del suceso, la fecha y una foto del agente». Como segundo gesto la asociación pide que en las reuniones policiales que se celebren en los días en los que se cumpla la efeméride de uno de los asesinatos de sus 15 compañeros se guarde un minuto de silencio como recuerdo y muestra de respeto al agente fallecido.

Futuros policías

En su petición Mila Esker cita la polémica iniciativa educativa Adi adian para respaldar la tercera de sus peticiones. Adi adian es un proyecto que fomenta la memoria entre las generaciones más jóvenes llevando al entorno educativo testimonios de víctimas de la violencia. El problema de esa iniciativa vasca fue que en el mismo saco entraron la violencia de ETA, el GAL, y la presuntamente ejercida por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Lo que Mila Esker pide ahora es que tampoco se olvide a los agentes supervivientes de la violencia terrorista y que “en las aulas de la Academia Vasca de y Emergencias las nuevas promociones de ertzainas puedan conocer de primera mano el testimonio vivo de quienes les precedieron y fueron víctimas del terrorismo y aún pueden contarlo”. Además, solicitan en su carta “que se haga también una visita reglada y guiada en lectivo al museo de la Ertzaintza para conocer la de la del País Vasco y el relato de los familiares de nuestros compañeros asesinados por ETA”.

La última petición que la asociación hace a Urkullu llama la atención igual que las otras. 40 años después la vasca no tiene un día oficial. “Pedimos que se fije una fecha como festividad de la Ertzaintza donde se celebre el orgullo de pertenencia a este cuerpo policial. Que sea un día de celebración para los agentes y para sus familias, así como para toda la ciudadanía en ese modelo de cercanía, con jornada de puertas abiertas”, concluye la carta al lehendakari.

A la espera de respuesta la asociación ha tomado otra iniciativa: donar una estatua de hierro y hormigón en memoria de todos esos compañeros para los que pide reconocimiento y que sea colocada en la sede central de la Vasca. Para entender la necesidad de una asociación así y la urgencia con la que Urkullu debería haber respondido, baste decir que desde que recibió la carta hasta el día de hoy la asociación ha honrado a solas la memoria de algunos compañeros, el último el de Joseba Goikoetxea Asla. La mañana del 22 de noviembre de 1993 este sargento mayor de la Ertzaintza acompañaba a su hijo de 16 años al colegio en su coche. Cuando paró en un semáforo en rojo un terrorista lo mató disparándole a bocajarro. Su hijo sobrevivió. Joseba tenía 42 años, dejó tres niños huérfanos y una mujer viuda. Lo mínimo que se merece es una placa que lo recuerde.

Поделитесь этим с вашими друзьями (Compártelo con tus amigos)

Добавить комментарий

Ваш адрес email не будет опубликован.